Por: Juan Pablo Barrientos

Politiquería en la Universidad de Medellín

“La realidad muestra que su presidenta, la hoy concejala Aura Marleny Arcila Giraldo, y su actual rector, Néstor Hincapié Vargas, viendo en ella (Universidad de Medellín) una cantera de votos, traicionando la voluntad de los fundadores y actuando por fuera de los límites del mandato que recibieron (Art. 4.° de los Estatutos Universitarios), se fueron apoderando de ella hasta hacerla suya. La mercantilizaron, abandonaron los fines de sus fundadores y la transformaron en una universidad de partido, en la sede de su directorio político, con el fin de alcanzar para éste el mayor poder económico y político posible, fines incompatibles con los académicos de la universidad y con la misión social que ésta debiera cumplir".

El anterior texto del doctor José León Jaramillo, egresado de la UdeM, exmiembro de la Consiliatura y citado en la columna del 18 de noviembre de 2013 de Luis Fernando Múnera en el periódico El Mundo, es la radiografía perfecta de lo que es hoy esta universidad: un directorio político en el que se transan votos por becas u oportunidades laborales so pena de despido o retiro de becas.

Esta es la dinámica, según lo manifestado por varias personas relacionadas con la universidad, entre los que se encuentran estudiantes, empleados y profesores y cuyos nombres me reservo por obvias razones. Estudiantes becados, empleados y profesores, tienen que llenar una planilla de al menos 50 nombres, con teléfono, número de cédula y puesto de votación. El mismo rector lidera algunas de las reuniones políticas en las que se da línea de cómo conseguir esos votos. Una vez la planilla está diligenciada, funcionarios de la universidad llaman a cerciorarse de que la persona sabe por quién tiene que votar, en qué mesa y adonde le envían el transporte.

Aquí hay algo más grave. La Universidad de Medellín, además de ser directorio político del Partido Liberal, es puesto de votación, por lo que la manipulación el día de las elecciones es total. Arreglar un resultado electoral en este puesto podría resultar fácil, si se tiene en cuenta que la universidad provee el internet, las redes y toda la logística que necesita la Registraduría.

Está bien que las universidades abran espacios para el debate político. Lo que no está bien es que una universidad tan buena y reconocida como la UdeM, de la que se han graduado grandes personajes de la vida nacional, se convierta durante la época electoral en una alcantarilla política, en la que el estudiante becado que no recoge los votos pierde su beca o el profesor o empleado que no llena su planilla pierde su empleo. Eso es extorsión, es hamponería, es delincuencia.

En estas elecciones, la universidad está apoyando al senador Eugenio Prieto y al representante Iván Darío Agudelo. De Prieto tengo buena imagen, por lo que esperaría de él un rechazo, sin titubeo, a la forma como su maquinaria consigue votos en este claustro educativo. El otro, Agudelo, es un títere del rector y la concejala Aura Marleny, quien a propósito, ha llegado al Concejo de Medellín varias veces de la misma forma. Nadie dice nada, la crítica se queda en las redes mientras la señora sigue llegando al Concejo de la forma más descarada posible.

Ojalá la Registraduría tome atenta nota de este puesto de votación, uno de los más grandes de Medellín. Al Partido Liberal, imposible pedirle algo. Están amangualados y aplauden todo lo que hacen sus honorables. Nada qué hacer. El Ministerio de Educación, tengo entendido, ha recibido varias quejas. Sería bueno que las investigaran y llegaran hasta las últimas consecuencias. Los que sí pueden hacer, y mucho, son los estudiantes, empleados y profesores víctimas de este atropello. Son ellos los únicos que pueden denunciar ante las autoridades competentes y medios de comunicación este sucio juego político que se repite cada dos años.

De la forma como hacen campaña y consiguen votos, así gobiernan y mantienen a este país, hundido en la corrupción más frentera jamás vista. ¿Son los votantes los culpables? Sí, por dejarse comprar el voto, pero también son culpables estos directorios políticos que abusan de la autonomía universitaria para inyectar su dosis de politiquería y conseguir sus curules, que los mantienen vigentes en el grandioso mundo de los contratos.

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