¿Por qué no la Poesía?

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Si aún tenemos la Poesía, es como tener las velas para contener los vientos del despojo y la desolación que baten incesantes sobre el hombre…

Para espantar la dolorosa sangre que va tras él y sentir cuanto de humanos hay en nosotros; para alumbrarnos con esa luz parecida al espíritu que parpadea y penetra la espesa sombra de su corazón…

Aferrado a las jarcias de la Poesía, se sobrepone a las inciertas aguas del naufragio; a la desazón de un navegar asediado por las precariedades de las borrascosas aguas por las que singla su nave la existencia; sus albas y ocasos, el dulce de la victoria o el salobre pasajero de sus derrotas…

Es desde ella, con ella, desde sus múltiples posibilidades de realización humana, que el hombre da y recibe más allá del intercambio de una cosa por otra; de la ritualidad de un acto que lo envanece en el egoísmo, en vez de engrandecerlo en la generosidad y el amor…

Desde la Poesía, el hombre habla. No importa que no lea ni escriba, ella lo hace sentir; que sienta que él es la razón del mundo; que más allá y más acá de él, solo está el hombre con sus grandezas y miserias…

De cuanta miseria lo reduzca en su condición connatural de grandeza.

Desde de la persistencia de la especie, siempre habrá Poesía para proclamar la perennidad del hombre. Y un poeta, para decirle que oiga desde él su voz para que no sucumba en los espejismos de la Nada. Para cantar en coro, por pequeño que sea, el supremo don de la vida y dar testimonio de su trascendencia y noticias de su huella en la historia del mundo…

Nada le será indiferente al hombre si lo mira con los ojos de la Poesía.

Si por sus ojos asoma a los “abismos cantores” y se rescata del foso de los padecimientos que lo abaten y de su brazo retorna de la “amarga desdicha / con una rama de ciprés florido”, a transitar el “camino de lilas / de quien ha visto más allá de la muerte”. Y más allá de la muerte solo a la Poesía le está permitido asomarse.

Y solo a ella le consiente la muerte la gracia de ir por su reino sin los dolores y las desgarraduras de la soledad y el abandono perpetuo de los muertos.

Nadie diga, entonces, ¿para que la Poesía? Más bien pregúntese, ¿por qué no la Poesía? Y respóndase, con la potente e irreductible voz de su espíritu, todo cuanto ella entraña como reafirmación del hombre. De su presencia y esencia. De su tránsito y soledad por el mundo que lo habita, pero también lo excluye y lanza con violencia contra el otro…

Después de las restas y sumatorias de su existencia, la Poesía es lo que le queda al hombre. Es de lo único de cuanto no lo despojan ni rematan en pública subasta. Su ahorro contra el desaliento y el vasallaje de un mundo que quiere a veces verlo naufrago, hundido de toda esperanza de resurrección…

Su saldo positivo.

Que sea entonces y para siempre la Poesía, la única arma que nos sea dispensado disparar…el único cuchillo que penetre el corazón del hombre para hacerlo sangrar de belleza y mansedumbre.

Y el poeta, el supremo verdugo de la ignominia y la maldad. El vigía por excelencia de la fraternidad entre los hombres, el salmista de la alegría y la belleza que le devuelve al mundo el amor y la salutación del espíritu.

@CristoGarciaTap

* Poeta.

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