Por un fiscal que honre su dignidad

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“Esto raya en lo cómico” dijo el gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, en una de las entrevistas que le han hecho con ocasión de la detención domiciliaria que activó la Fiscalía contra él por los presuntos delitos que habría cometido ¡hace 15 años!, y que ha sido calificada, por tirios y troyanos, como asombrosa: no por admirable, por absurda… O por cómica si no fuera porque la privación de su libertad, trágica por el tinte oportunista que destila, es otra equivocación que el ente investigador comete en los cuatro meses en que ha sido conducido (¿conducido?) por Francisco Barbosa, quien hace carrera para ganar el título del fiscal general más torpe que haya tenido Colombia. Preso en su casa y separado de su cargo de elección popular, Gaviria logró levantar, el fin de semana pasado, una ola de simpatías en los estamentos de poder departamental y nacional tanto como en los medios y en sus votantes por la desproporción de la medida, no por la investigación que se le adelanta y que, ojalá, pudiera avanzar, después de tanto tiempo, con seriedad e independencia.

Barbosa, quien tiene una larga colección de títulos universitarios como se estila en esta época con el fin de descrestar a ingenuos y darle apariencia de “meritocracia” a lo que es pago de favores y el amiguismo de siempre, no tiene idea de derecho penal, menos de sus códigos en los que se establece cuándo y por qué aplica la detención de un investigado. Pero, por lo visto, poco le importa pues su encomienda consiste en servir a su grupo político y al gobierno Duque que le dieron, de regalo, la Fiscalía. El espectáculo contra Gaviria fue mal calculado en sus efectos, pero cuán eficaz resultó para enfocar la atención pública en el caso del gobernador, y desviarla del escándalo que implica la captura de los policías que interceptaron las llamadas del corrupto Ñeñe Hernández cuando este hablaba de una operación de compra de votos con cuadros de la campaña del presidente.

El fiscal del caso de los investigadores del proceso de la “ñeñepolítica”, que sus colegas definen como astuto y conocedor de su oficio, pero dispuesto a complacer a sus superiores, empezó sus indagaciones contra ellos al otro día de que se publicaran, en un medio, parte de las conversaciones del Ñeñe con Caya Daza, asesora del jefe supremo de Duque y Barbosa, Álvaro Uribe. ¡Al otro día, hace menos de tres meses! ¡Cómo ha volado la justicia en este caso! Esos dos uniformados ya están capturados, se les hizo audiencia, se les acusó de estar enredados en “chuzadas” ilegales y hasta se intentó que se quedaran sin defensor para ponerles uno de oficio que puedan manipular. Entre tanto, la “ñeñepolítica” se enreda y la investigación contra Daza, que también lo es contra Priscila Cabrales (ambas fotografiadas con el fiscal general cuando este y ellas hacían campaña por Duque), está quietecita en algún despacho de otro fiscal. Qué tan conveniente.

Para lograr semejante pirueta, Barbosa y sus obsecuentes fiscales paran, aceleran, les dan validez o intentan invalidar las pruebas que obran en los expedientes. Por poner un solo ejemplo, el proceso del vergonzoso Ñeñe por el asesinato del hijo de un ganadero de la costa Atlántica, el mismo Ñeñe que, en 2018, fue fotografiado haciendo proselitismo en la campaña del presidente, se inicia en el año 2011 y fue dirigido por una fiscal que ahora, nueve años después de no adelantar mucho ni decir nada, reaparece, milagrosamente, acusando al abogado de los investigadores hoy detenidos, que trabajaron con ella y para ella. Qué tan conveniente.

Si estos policías, que grabaron al Ñeñe con órdenes legalmente tramitadas, son responsables de cometer delitos, es asunto que deberá resolverse; si Hernández era un payaso que alardeaba aunque lo hiciera con personas de absoluta cercanía a Uribe y Duque, o si se comprueba que, ciertamente, permutaba dinero por votos; si el gobernador Gaviria merece estar preso o es víctima de una conjura politiquera, son casos que deberán resolverse. No obstante, mientras Barbosa dirija la Fiscalía, eso no será posible. Sus sesgos están demostrados como estuvieron los de Néstor Humberto Martínez frente a los procesos Odebrecht y frente al doloroso episodio de las muertes de Jorge Enrique Pizano y su hijo. Entonces Martínez Neira insistió en no declararse impedido hasta cuando tuvo que renunciar. Barbosa ha empezado a transitar el mismo camino. Los ciudadanos le pedimos a la Corte Suprema, que eligió a esos dos personajes que nunca debieron representar la Justicia, que actúe, esta vez, con energía y prontitud. No sé si la figura es un fiscal ad hoc o si se debería exigir, por fin, la presencia de un fiscal general que honre su dignidad.

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