Por: José Fernando Isaza

Preguntas I

UNA CONSTANTE DEL SISTEMA educativo, que ha superado los cambios estructurales y las modas, es aquella que caracteriza a un buen maestro como aquél que sabe formular buenas preguntas.

En muchas ocasiones una buena pregunta suscita inicialmente asombro o burla. Un ejemplo es la que se hace Olbers en 1834, ¿por qué la noche es oscura? En esa época el modelo del universo era el newtoniano, infinito y homogéneo. Por lo tanto, cualquier visual encontraría una estrella y la noche sería tan luminosa como el día. Esta profunda y simple reflexión sirvió para que se fuera abandonando la idea de un universo infinito. En menos de un siglo la teoría de relatividad general y el alejamiento de las galaxias corroboran la hipótesis del universo finito en tiempo y espacio.

Hace algún tiempo el profesor Takenichi, formuló a un grupo de físicos y estudiantes las siguientes preguntas: ¿asciende el aire caliente por tener menos densidad que el aire frío? Todos al unísono respondemos sí. A continuación hizo la otra pregunta: ¿cómo se explica entonces que estando Bogotá a mayor altura que Girardot, esta ciudad es más caliente que aquélla? Balbuceos de explicaciones ningunas convincentes, corrientes atmosféricas, intensidad de radiación solar, entre otras. El profesor dio la simple explicación: a mayor altura menor presión y por lo tanto al ascender el aire caliente sufre una expansión adiabática y se enfría. Por eso el aire que sale de una llanta es frío. Además del golpe al ego, recibimos una buena lección de tener en cuenta los diferentes componentes de un fenómeno.

El físico Jearl Walker, experto en formular preguntas sobre hechos corrientes, pero que muchas veces escapan a una explicación racional, se cuestionó: ¿por qué si un gato cae de una altura menor de 6 pisos sufre mayores daños que si cae de una altura superior a 30 pisos? Una de las muchas explicaciones es que a mayor altura puede rotar el cuerpo y reduce el daño, pero a mayor altura mayor velocidad alcanza y por tanto el impacto puede ser más destructivo. En la atmósfera la resistencia del aire reduce la aceleración de la caída y en un trayecto que depende de la forma del objeto se alcanza prácticamente la velocidad máxima, los seres con cerebro responden más a la aceleración que a la velocidad. Si la aceleración es cerca a cero, el gato se siente relajado, expande su superficie y se reduce la velocidad límite. Esto también explica por qué los borrachos cuando se caen se hacen generalmente menos daño y caen desgonzados.

¿Es posible caminar descalzo sobre carbones ardientes sin quemarse? No es recomendable realizar el experimento, pero la respuesta es sí. Cuando los carbones están a muy alta temperatura las gotas de agua no se evaporan instantáneamente, entonces, se produce un fenómeno llamado de Leidenfrost, esto es, se crea una capa de vapor aislante entre la superficie y las gotas de agua. Así, con los pies húmedos, por el miedo o por haberlos mojado previamente, es posible caminar sin quemarse. Walker recuerda que lo hizo tres veces con éxito pues el sudor del susto lo protegió, la cuarta vez por confianza no sudó ni se mojó, su curación duró varias semanas. Hay fotos del profesor realizando un terrible experimento: en una vasija refractaria funde plomo y mete sin quemarse su mano húmeda. Walker propone que los físicos deben creer en lo que aprenden y sugiere que los títulos se los entreguen en un sitio que, para llegar, deban caminar sobre carbones encendidos.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

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