Presidente en fuga

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Que Duque no hubiera ido a Cali ni al Cauca a reunirse con los indígenas, y que hubiera viajado al Chocó a ocuparse del orden público (lo cual ha debido hacer hace muchos meses), justo cuando la minga llegaba a Bogotá para hablar con el presidente, primordialmente, del derecho de los indígenas a la vida porque los están matando en sus territorios, no es solo un acto de la mayor descortesía y una actitud que denota desprecio hacia ellos, sino la muestra de una peligrosa inseguridad.

Lo mismo ocurrió el año pasado: la minga estaba en la plaza de Condoto y el presidente se encontraba encerrado a 100 metros de distancia. Luego de unas horas se fue y no habló con la minga, dizque porque habían descubierto un plan para atentar contra su vida. ¡Nadie va a atentar contra Duque! Mucho menos los indígenas, que justo esta semana demostraron cómo se protesta de manera pacífica.

Algo parecido ocurrió con el comité del paro el año pasado: se reunió tres horas con él. Pero el Gobierno planteó que en los encuentros tenían que participar los entes de control, los gremios y los empresarios. El comité del paro no aceptó y se diluyó la posibilidad de concertación directa. A cambio, el presidente se inventó la tal conversación nacional, que no terminó en nada.

Y, al momento de escribir esta columna, parece que con este paro va a pasar lo mismo: el director del Departamento Administrativo de la Presidencia, Diego Molano, dijo que el presidente no pensaba reunirse con los organizadores del paro, y Julio Roberto Gómez, presidente de la Confederación General del Trabajo (CGT), aseguró que las protestas persistirán hasta que el presidente se “baje del pedestal”.

Pero mientras Duque continúa encaramado en su pedestal o, mejor, fugado o encerrado para ocultar su inseguridad, el malestar social crece y la ciudadanía siente que el país se desbarata.

¡Qué lejos están los tiempos de los grandes líderes! Es famoso, por ejemplo, ese episodio ocurrido en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, que bien relata Jaime Aponte, su secretario privado, en su libro Confidencias del poder: a raíz de un alza en el transporte, a comienzos de 1969, se preparaba un gran paro nacional que amenazaba con paralizar el país y tornarse violento. Entonces Lleras citó a las centrales obreras a una reunión para analizar las propuestas del Gobierno. Fueron dos días de discusiones casi ininterrumpidas. La última terminó a las seis de la mañana. Los asistentes salieron extenuados y convencidos de que había que desistir del movimiento. Meses después, Lleras nombró al sindicalista Antonio Díaz ministro de Comunicaciones. Pero esos eran otros tiempos. Y otros líderes…

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Nota. El martes asesinaron a dos dirigentes de Colombia Humana: Eduardo Alarcón, exconcejal en Huila, y Gustavo Herrera, gerente de la campaña presidencial en el Cauca. Y el domingo acribillaron en La Uribe, Meta, a Jesús Monroy Ayala, líder ex-Farc conocido como Albeiro Suárez, quien dirigía el proceso de reincorporación en el departamento. Él es el excombatiente número 234 asesinado después de la firma del Acuerdo de Paz. ¡Tres dirigentes políticos de oposición baleados en tres días!

Presidente, por favor, detenga la matazón. No puede seguir con el cuento de que va a hacer y va a tornar, y se va a reunir y va a investigar. No más palabras huecas. Se requiere que muestre resultados ya.

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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