El ritmo es impecable. Las frases se suceden unas a otras y uno siente la respiración de un escritor que sabe contar.
En el café de la juventud perdida, la más reciente del francés Patrick Modiano, el lector reconocerá los trazos de otras novelas. Rayuela, de Julio Cortázar, para empezar. Digamos que la idea es similar aunque —a pesar de que no me gusta Rayuela— el resultado es, por defecto, bien distinto. ¿Encontraría a Louki?, es la pregunta que se hacen varios personajes que alguna vez frecuentaron un café llamado Le Condé en el distrito V de París. Louki es una especie de enigmática Maga, aquella mujer a quien tantas quisieron imitar en la década de los setenta y ochenta. Louki, así lo quiere Modiano, es un poco más misteriosa. Misterio que se resuelve de una manera burda, explicando que ella es hija de una prostituta del Moulin Rouge, y por eso es enigmática y triste. Hasta ahí el primer parecido. El segundo es que en la contraportada se hace una promesa que pronto se incumple. Se trata, según el “solapero”, de una novela sobre un grupo de poetas marginales enmarcada en el París de los años 60. Y sí, hay un grupo, aunque de ellos sólo sepamos sus nombres y un par de flojas descripciones; y sí, hay unas calles que se enumeran y nos hacen sentir por la resonancia que quedan en París; y no, no hay nada de poesía, salvo, como ya lo dije, una prosa bien aceitada que no nos lleva a ninguna parte.
La novela comienza mal. Arranca con una serie de lugares comunes sobre la marginalidad. Y el experimento no sigue bien: Modiano intentará, sin suerte, contar a cinco voces la misteriosa búsqueda de una mujer que un buen día llega a ese café, en el que supuestamente se reúne el grupo de poetas del abismo, y lo que nos queda claro es que no la encontrarán, porque jamás la conocen. Entre tanto, aparecerán personajes inverosímiles como un tal capitán Bowing que anota las horas de llegada de los clientes al café en un cuaderno viejo; un detective que parece un pastiche de Columbo o del mejor Maigret, de Simenon; un marido que pierde a su mujer y un amante desilusionado.
En el café de la juventud perdida fue considerada por la revista Lire como la mejor novela de 2007. Fue bien calificada por críticos en medios serios como Les Inrockuptibles. Uno se pregunta si, quizás, esta pésima traducción ha sido capaz de arruinar un libro bueno. No lo creo. Modiano es un escritor con una idea, pero sin una novela.
En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano, Anagrama.