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La larga duración del historiador Fernand Braudel es el equivalente a la respuesta de John Bergen a la pregunta ¿por qué protestamos? Lo hacemos en el presente, y no tanto en nombre del futuro que aun no llega. Mas bien, como en la pintura y las imágenes, se trata de hacer indeleble este momento en el tiempo cuando trabamos los brazos pues se acerca la policía con sus bastones a golpearnos y silenciarnos. Se trata de no permitir ser silenciados, reducidos a cero. Y no desparecer en el cero del punto de fuga de la perspectiva del soberano. Nada importa tanto como esta dinámica entre la larga duración y las imágenes. Mas aun en el calor de los tiempos que corren. En la edad de las imágenes. En la protesta, el intenso ahora, el fuego de este tiempo reactivo y reaccionario, es puesto en una relación de oposición real con el “calor” o la intensidad de quienes recuperan de esta forma su capacidad de actuar aquí y en el largo plazo. Como en las imágenes digitales duraderas. Esto es también lo que quieren decir los palabreros de la Costa y los pueblos nativos cuando dicen que, en sus canciones, poemas y visiones tiene lugar la intensificación del futuro pasado. Las instituciones de la ley y el orden, o lo que tan solo es y que no hay que confundir con lo que es justo, están reaccionando contra este fenómeno al tratar de contener la protesta, o monopolizar su fuerza, a fin de hipotecar el futuro. Es el caso de la propuesta de reforma de la policía y el aparato judicial por parte del actual gobierno ultra-conservador británico. Pero dicho intento es tan vanidoso como lo fue el intento de monopolizar la productividad en los albores del capitalismo tecnoindustrial. La protesta es ella misma un efecto del capitalismo en su etapa tardía. Al reaccionar, está sembrando las semillas de su propia destrucción. Sin embargo, no hay nada inevitable en el resultado. La escala de tiempo ha cambiado. Al nivel de la climatología, como observó Braudel. La ley, o al menos sus tecnologías obsoletas explotan cuando se enfrentan al desafío de la climatología y la larga duración de las imágenes. Aquí no son posibles ni la inevitabilidad ni la predicción. Por ejemplo, el cambio climático. Está asociado con los bucles de retroalimentación que la actividad industrial y económica humana ha desencadenado sobre el planeta. Es un efecto del capitalismo tecnoindustrial, y como tal sólo puede evaluarse políticamente. Como resultado de una fuerza coercitiva. La naturaleza políticamente ineficaz y contraproducente de los distintos procesos de los que el cambio climático es un efecto hace que este fenómeno sea incontenible e incontrolable por medio de las tecnologías jurídicas habituales que responden tan solo al daño ya ocurrido. Lo propio sucede con la protesta, que debe considerarse tan global e incontenible como el propio cambio climático. La protesta es quizás la respuesta adecuada de los seres humanos a esta fuerza no humana. Si es así, tiene sentido decir que otra política y una ley diferente están en ciernes. Y están del lado de la protesta, globalmente hablando, en lugar de estar del lado de su prohibición. La protesta no es entonces, ni de suyo violenta ni ilegal. No es un defecto. Cabe imaginarla, mas bien, como aquello que nos llama a cambiar escalas y perspectiva. Aparecen en el horizonte un nuevo tipo de ley y política. Se parecerá más a una geografía especulativa renovada por el tiempo geológico y la climatología. Pero no tendrá nada que ver con la geografía especulativa más antigua. En esta, el hombre era la medida del planeta y de todas las cosas. Su ego se hinchó al tamaño del globo terráqueo. Como en el infame tuit de Donald Trump: “Nueva York se está congelando. ¡Necesitamos calentamiento climático!” Esta elevación de sí mismo a la categoría de la ley del planeta es grotesca. Un rasgo errático. Una simulación y una falacia. Llamémoslo la falacia del presentismo, cuya ilusión es congelar el presente y detener la imaginación. No es de extrañar que las imágenes o el cine de larga duración y la protesta global, ambos conectados a la larga duración de la tecnología digital, se nieguen a seguir ancladas en un eterno presente.
