Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Que caiga la máscara

El daño que Álvaro Uribe y sus correligionarios están causando es ilimitado y plagado de trampas, empezando por la del Estado de Opinión con el que pretenden maquillar el embrujo totalitario al que le están apostando. Ya no hay duda de que lo que quieren con su demencial ataque a la JEP y las altas cortes no es solamente evitar que se conozca la verdad que allá se está revelando, sino pescar en el río revuelto del populismo para enfrentar en octubre las elecciones de alcaldes y gobernadores.

Uribe y su grupo atraviesan una situación política riesgosa, que de pronto concluye en que ganen apenas la Gobernación del Casanare, como en las últimas elecciones. De esa derrota estruendosa Uribe se recuperó gracias a que Santos se empeñó en convocar el plebiscito que el uribismo ganó con falacias. Es a un nuevo naufragio electoral al que le temen Uribe y sus muchachos. Veamos.

En Bogotá, donde jamás ha ganado el uribismo, sus candidatos a la Alcaldía no tienen ninguna opción. Ángela Garzón —como su padre, el camaleón Angelino—, primero fue funcionaria del liberalismo, más tarde aplaudió a Santos y de pronto se volvió imprescindible en el Centro Democrático. Uribe sabe que con ella está perdido y por eso ya llegó a las toldas de Miguel Uribe Turbay, un liberal desteñido que de la mano del errático César Gaviria hoy anda cómodo de teniente uribista y de aprendiz del fascismo, pero será derrotado.

En su natal Antioquia, Uribe también está pisando arena movediza, pues su paisano Aníbal Gaviria, candidato liberal a gobernador, es el favorito, mientras que por el lado de la Alcaldía de Medellín el mesías también se está enredando.

En el Valle del Cauca el uribismo colapsará. Uribe prohíja al indelicado Francisco Lourido a la Gobernación, otro estafeta de Angelino que incurrió en el desafío de ser mandatario encargado mientras estaba judicialmente condenado con su familia a restituir una importante suma a EMCALI. Los plutócratas lo respaldaron y ahora aspiran a repetir gobernación con este bobazo, seguro perdedor frente a la candidata de Dilian Francisca. Y en la Alcaldía de Cali, Roberto Ortiz, el Chontico, le vendió el alma al diablo pues descendió de su pedestal de líder popular a lambón de los momios caleños y del Centro Democrático; por traidor y oportunista sufrirá una muenda en las urnas, y entonces Uribe lo desechará para siempre.

Y la situación en Barranquilla no es poca cosa, porque el poderoso clan de los Char no necesita jefes ni alianzas ni que el presidente eterno le imponga aspirantes, porque ya los tienen escogidos y aquerenciados. Estos barranquilleros saben que la alianza con Uribe es el abrazo del oso.

El uribismo, a pesar de estar hoy en el poder, paradójicamente está en la antesala de un desastre electoral que enterrará todavía más al viajero subpresidente Duque. Por eso están dispuestos a falsear todo, pero los electores ya no tragan entero. Los colombianos son conscientes de que ni Duque ni su nueva ministra de Justicia ni su furiosa bancada van a sacar adelante una reforma judicial porque no pueden ni quieren. Y también saben que la tal prima adicional que se inventó Uribe para favorecer unos trabajadores que antes ni miraba es otro artificio para atraer incautos.

De buena fuente sé que hay más de un gobernador de departamento al que Uribe se ha aproximado pidiendo ayuda para las elecciones de octubre a cambio de buen trato político del gobierno Duque en cuanto terminen sus mandatos. Serían muy ingenuos esos mandatarios regionales si le creen a quien no podrá cumplirles porque camina lentamente al merecido cadalso electoral.

Ojalá que al votar en octubre las gentes recuerden el ardid montado por Uribe para erigirse en defensor de las Cortes y de los trabajadores, cuando su vida entera los ha hostigado. Y en especial los jóvenes que lloraron y marcharon indignados cuando la fraudulenta derrota del plebiscito, tampoco pueden desperdiciar la oportunidad de castigar en las urnas a los autores de esa perfidia infame.

Adenda No 1. Luego de pasearse ampliamente en el Congreso, Alexandra Rodríguez hoy es la canciller en la sombra. ¿A qué se deberá que mande más que su jefe?

Adenda No 2. Motivo vacaciones esta columna volverá en algunas semanas.

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ramiro Bejarano Guzmán

Parecerse a Uribe, estrategia suicida

Pobre ministra de Justicia

La mala hora militar

Pésima semana

No hay con quién