Por: Alvaro Forero Tascón

¿Qué es populismo? (I)

El concepto del populismo es uno de los más usados, pero de los menos comprendidos.

La explicación es que a pesar de que es casi intuitivo calificar como populista a un político cuando se le ve sembrando división y conflicto, o planteando que solo él representa al pueblo abusado, o engañando al electorado con promesas o emociones, no existe una definición universal de populismo. Entre otras razones porque nadie se declara populista, y los seguidores del populista rechazan el término y tratan de demostrar que su comportamiento es en realidad virtuoso, o por lo menos, común.

Es un concepto que genera mucha controversia académica, porque algunos alegan que no existe, otros que es positivo para lograr cambios, algunos que es un cáncer que corroe a la democracia liberal, y unos menos, que lo ven como un instrumento más de la política. Le atribuyo mucha importancia al populismo porque considero que no es posible entender la política colombiana de este siglo sin identificar el peso inmenso que ha tenido desde 2002, y que no es prudente mirar el futuro de Colombia sin tomar en cuenta su fuerza, su capacidad engañosa para camuflarse y su naturaleza destructiva por su tendencia autoritaria y extremista.

Las principales aproximaciones al concepto del populismo son la llamada agencia popular, que lo ve como una fuerza positiva para movilizar a la ciudadanía hacia formas de democracia comunitaria, muy usada por sectores progresistas que reducen la importancia personalista del líder; la del argentino Ernesto Laclau, que lo pondera como una fuerza emancipatoria para incluir a sectores marginados y cambiar el statu quo hacia una democracia más profunda; la aproximación socioeconómica, la más extendida, que lo ve como una política económica irresponsable, propia de la izquierda latinoamericana, aunque hoy la academia reconoce que también la usan políticos neoliberales.

Una cuarta aproximación es la de estrategia política, usada por líderes carismáticos que buscan gobernar con base en apoyo popular directo, sin mediaciones, también muy latinoamericana, pero extendiéndose. Otra es la folclórica, del líder que busca llamar la atención con conductas no propias de la política tradicional, de poco sustento académico y más usada periodísticamente.

Finalmente está la aproximación ideacional, que es la que encuentro más equilibrada y precisa para diferenciar el fenómeno populista, y que ha tomado fuerza en medios académicos occidentales en los últimos años. Cas Mudde y Cristóbal Rovira —cuyo libro Populism de Oxford University Press tomo de referencia para esta clasificación, y que es una joya de concreción y profundidad— definen el populismo como una ideología delgada que considera que la sociedad en el fondo está separada en campos homogéneos y antagónicos, el pueblo puro versus la élite corrupta, y que argumenta que la política debe ser la expresión de la voluntad general del pueblo.

Concibe el populismo como una alternativa al elitismo y al pluralismo, y al “pueblo” como un concepto que atrae a distintos grupos, lo que facilita articularlos en una causa común y permite que haya populismo de izquierda y derecha. La élite puede ser la política, la económica, la cultural o la mediática, pero siempre corrupta.

 

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