Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Reciclador vs. producción de basura

Todos estamos de acuerdo en que el reciclador de calle debe ser considerado e incluido en el manejo de la basura. Pero producir menos basura y que todos reciclemos le reduce la disponibilidad de materia prima al reciclador callejero.

La crisis de Doña Juana obedece al exceso de basura y a que allí todo llega mezclado. Para superarla, tenemos que producir menos basura, separar en la fuente y reciclar todo lo reciclable. La administración distrital debe tomar algunas medidas y la ciudadanía tiene que apropiarse del manejo de sus basuras. No es suficiente con pagar para que alguien recoja mis desechos y entre la administración pública y los recicladores callejeros se encarguen de manejar la basura.

Debemos asumir la responsabilidad social que como ciudadanos (empresarios y consumidores) tenemos en relación a la generación de basuras. No es solo cuestión de ampliar o desplazar Doña Juana; debemos y podemos reducir la producción per cápita de basura. Si tomamos medidas como en Holanda, Noruega, Suiza o Alemania, podemos lograr que dentro de cinco años llegue al relleno sanitario solo el 3 % de lo que hoy está llegando. Las formulas y los mecanismos de manejo están inventadas.

La otra cara de la moneda es que si tendemos a “basura cero” como hoy sucede en muchos países desarrollados, el reciclador “lleva del bulto”, pues no dispondrá de material para recolectar. Si separamos en la fuente y cada ciudadano deposita en contenedores diferenciados lo que es reciclable, el reciclador callejero al romper la bolsa no encontrará qué reciclar.

Surgen preguntas: ¿el manejo de la basura debe seguir siendo un caos para que el reciclador tenga trabajo? ¿La conciencia ambiental y la responsabilidad del ciudadano frente a la producción de basura deben significar despojar al reciclador callejero de la materia prima para su trabajo?

Superar la crisis es un gran reto. Tenemos que asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos, producir menos basura, separar en la fuente y reciclar. La administración debe recoger por separado los residuos y no mezclar, y asegurar una mínima y ordenada disposición final. Simultáneamente, tenemos que promover la inclusión y formalización de los recicladores callejeros, dignificando su trabajo y armonizándolo con el interés social. ¿Cómo lograr —al mismo tiempo— todos estos propósitos? Hoy las bolsas rotas en las calles y los desechos esparcidos en los andenes son expresión del conflicto social y generan problemas de salubridad.

No hay un mago para manejar el problema. Pero estamos obligados a mejorar y cambiar de actitud; es cuestión de dignidad y calidad de vida.

Pasos urgentes: 1. No hacer basura gratis y fijar un alto impuesto a empresas y consumidores generadores de basura, así desincentivamos la producción de basura y exigimos que quien la genere cubra los costos que hoy asume la sociedad. Parte de la estrategia es generar opciones de devolución parcial del impuesto al usuario de envases desechables que recicle (Ver “¿Plata por plástico? ¿Premio al reciclador?”, El Espectador 19/09/2017). 2. Debemos convertir en abono los desechos orgánicos. 3. La administración debe recoger por separado los diversos residuos y asegurar su adecuado uso y disposición en verdaderos rellenos sanitarios. ¡Empecemos por algo!

 

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