Por: Luis Carlos Vélez

Regañado y decepcionado

No somos mentirosos, ustedes son brutos. Ese es el mensaje del Gobierno y las Farc en estos últimos días para justificar lo injustificable, y eso es permitir que esa organización haga política saltándose a la JEP a pesar de que en el transcurso de la discusión y aprobación de los acuerdos se negó repetidamente esa posibilidad.

Existe un alto nivel de agresividad por parte de la administración y esa agrupación cada vez que se menciona el tema y se pregunta, sin agenda, sobre por qué hubo un entendimiento colectivo, basado en sus relatos, entrevistas y declaraciones, de que Timochenko no sería candidato a la Presidencia, y de que el centro del proceso de paz serían las víctimas y no la participación política, cueste lo que cueste, de las Farc.

Un ejemplo. El 23 de mayo de 2012, a las 10:55 a.m., el presidente Juan Manuel Santos escribió en Twitter: “Ni Timochenko ni ninguno de los cabecillas de la guerrilla van a llegar a cargos de elección popular por el Marco Jurídico para la Paz”. Algo muy diferente a lo que se está abriendo camino y es que Timochenko sea candidato de las Farc a la Presidencia, sin haberse sometido a la JEP y sin que esté claro del todo qué será lo que primará: el derecho de hacer política de las Farc, establecido en el Acuerdo, o el castigo eventualmente impuesto por ese tribunal que aún no ha sido parido.

La semana pasada, cuando intentamos obtener una aclaración sobre el tema, entrevistamos al alto comisionado para la paz, Rodrigo Rivera, quien nos respondió desafiante si es que no habíamos leído los acuerdos, como si todo estuviera tan claro en los escritos, que no son susceptibles a ningún tipo de interpretación. Lo mismo les ocurrió a los colegas de RCN, a quienes Timochenko les ofreció la misma frase cuando se le apuró sobre el tema.

¿Se trata entonces de una estrategia conjunta para desviar el fondo de la discusión hacia la falta de comprensión de los acuerdos por parte del pueblo y la prensa? ¿Una manera quirúrgica de lavarse las manos y negar cualquier engaño ante la creciente decepción por los resultados reales y efectivos del Acuerdo de Paz? Parece que sí. 

Pues ni brutos ni complacientes. Por mucho que se enojen cuando se les pregunte sobre los alcances del Acuerdo de Paz, que sin JEP ni determinación de la Corte Constitucional, muestran una realidad diferente a la ofrecida públicamente durante su elaboración, es labor de los medios de comunicación, en nombre de la comunidad, buscar todas las respuestas, todos los efectos y todas las consecuencias. 

Está claro que el tono de esta discusión seguirá aumentando, ya que el cierre del proceso coincide con la campaña presidencial y hay mucha presión en el Gobierno y las Farc, ante un Congreso paralizado que no da señales de querer aprobar la JEP y un ex alias el Paisa enviando señales de no estar del todo convencido con el estado de las cosas.

Pero más allá de las rabietas, la pregunta es: ¿qué pasa si la JEP no pasa? ¿Hasta dónde llegarán el pulso y la creatividad del Gobierno para sacar adelante el proceso de paz sin quitarle más legitimidad. ¿Se vendrá también la conmoción interior? Ya sería la tapa. Recuerden que todo lo que haga será después de haber perdido el plebiscito y, eventualmente también, la oportunidad de pasarlo por el Congreso, en un esguince tan creativo como peligroso. Inevitable sentirse decepcionado. 

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