Por: Salomón Kalmanovitz

Rentas de los biocombustibles

El Ministerio de Minas y Ecopetrol administran el precio de los combustibles en Colombia. Gracias a su política de protección a los productores locales de etanol y de aceite de palma (biodiésel), los precios que debemos pagar los consumidores son bastantes más altos de los que dicta el mercado internacional. Así, mientras el galón de etanol costaba $5.024 (US$1,57) por fuera, Ecopetrol reconocía $7.569 a los azucareros que lo producen: 50 % más. El aceite de palma entre tanto obtenía un precio externo de $6.400 por galón (US$2), pero nuestros palmeros reciben $10.187 de Ecopetrol: 59 % extra.

En el caso del etanol, la producción colombiana ha tendido a estar por debajo de la demanda sistemáticamente, lo que ha obligado a reducir la mezcla de etanol en la gasolina al 8 % y aun al 6 %; por ejemplo, en marzo de 2018, la demanda fue de 12.300 barriles diarios y la producción local fue de solo 6.000. Incluso el consumo de la costa Atlántica, dados los altos costos de transporte desde el Valle del Cauca, tuvo que dejar de mezclar etanol con la gasolina en varias ocasiones.

El tratado de libre comercio con Estados Unidos introdujo presión para que se permitieran las importaciones de su etanol extraído del maíz y eso ha permitido que se compensaran los desniveles entre oferta y demanda. En la nueva situación se estabilizó la mezcla en todo el país al 10 % de etanol en la gasolina, con beneficios evidentes en la reducción de gases tóxicos que produce la combustión sin oxigenación. Uno de los problemas del etanol norteamericano es que recibe un subsidio difícil de calcular.

Sin embargo, el hecho de que el Gobierno dicte las condiciones del mercado ha seguido permitiendo que los productores locales obtengan rentas considerables del consumo de gasolina y sobre todo del diésel, encareciendo los costos que recaen sobre todas las mercancías que se transportan en el país.

En la costa Atlántica hoy toda la mezcla se hace con etanol importado, lo cual ha permitido la reducción del precio de la gasolina en $120 por galón, algo que no ha beneficiado al resto del país. Asocaña afirma que no se opone a las importaciones de etanol, pero objeta los subsidios que reciben sus productores. Su presidente expresó que “los importadores están usando el pretexto de los consumidores como ‘caballito de batalla’, pero lo que realmente les interesa son las exorbitantes ganancias que dejan las importaciones de etanol bajo una práctica de comercio considerada por la literatura económica como desleal, que afecta sobremanera el desarrollo productivo del país y la generación de empleo nacional”.

El Ministerio de Comercio impuso un arancel compensatorio del 9,4 % al etanol gringo, pero el Gobierno no permite reducir su precio a cifras internacionales para beneficio de toda la economía nacional. Para los azucareros colombianos, está muy bien que los subsidiemos a ellos al pagar el etanol en forma exorbitante, pero no les parece justo que el Gobierno norteamericano subsidie a su competencia y beneficie a los consumidores.

En el caso de los palmicultores, la mezcla de aceite en el diésel absorbe unas 600.000 toneladas, un 37 % de su producción total. La renta que les proporciona el Gobierno les permite exportar lo que no pueden colocar en el mercado nacional de grasas. Ambas industrias se pueden considerar como maduras, por lo cual no debían estar recibiendo rentas ni subsidios provistas por el Estado que mantienen capturado.

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2019-06-23T15:40:11-05:00

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2019-06-24T06:35:02-05:00

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