Por: Julio Carrizosa Umaña

Restaurar antes que producir

Parte de las demoras que ha tenido la definición y aprobación de proyectos productivos para los excombatientes espero que se deban a precauciones acerca de las dificultades reales que la producción agropecuaria encuentra en Colombia. Ese mostraría más sabiduría en el proceso de la que indican sus críticos.

Varios de los ambientalistas que nos hemos interesado en el proceso de construcción de la paz hemos recomendado multitud de veces que se tenga muchísima prudencia en la definición de esos proyectos; esas recomendaciones se fundamentan en el conocimiento que tenemos acerca del estado de deterioro en que se encuentran los ecosistemas colombianos y en nuestros datos acerca de los cambios que se avecinan debido a las modificaciones en el clima. Esa información no es muestra del pesimismo del que nos acusan, ha sido producida por el IGAC, por todos los institutos de investigación vinculados al Sistema Nacional Ambiental e incluso por varias instituciones extranjeras y por los mismos empresarios agrícolas. El estado de los suelos, la contaminación de las aguas, la aparición de nuevas plagas, la incertidumbre generada por las modificaciones en la temperatura promedio y en la magnitud y distribución espacial y temporal de las lluvias han sido informados por científicos y técnicos colombianos y extranjeros, y por los mismos gremios productores.

No es necesario agregar a estas circunstancias los factores sociales, económicos y políticos que caracterizan el campo colombiano para darse cuenta de las dificultades que les esperan a esos nuevos proyectos productivos, cuyas esperanzas de éxito inmediato son sólo una muestra del enorme poder de los imaginarios de la izquierda y de la derecha colombiana. Cualquier persona que haya tenido alguna experiencia en producción agropecuaria en Colombia podría agregar toda una multitud de dificultades que se encuentran cuando se trata de competir con esos productos de países más eficientes por sus características económicas y sociales.

Es por lo anterior que pensamos que antes de tratar de producir más, anhelo muy ligado a los dogmas del neoliberalismo y del marxismo, organicemos con los excombatientes proyectos de restauración de los ecosistemas para que sea posible y competitiva la producción futura. Ese cambio de estrategia, además de ser más lógico, es muy práctico y tiene menos riesgos. No depende de la productividad de los ecosistemas, ni de la situación sociopolítica, ni del mercado. Son varias decenas de millones de hectáreas las que en Colombia necesitan ser restauradas, las técnicas ya se conocen en el Gobierno y en las universidades, lo único que sería necesario es crear un sistema para pagar eficientemente los salarios de los excombatientes que se dediquen, por ejemplo, a reforestar o revegetalizar las laderas erosionadas, a limpiar las corrientes de agua, a construir pozos sépticos, a proteger y repoblar la fauna, etc.

* Miembro de Paz Querida.

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