Por: Marc Hofstetter

Retos de coherencia

Volvamos la vista al pasado reciente. Escojamos por ejemplo el año 2000. Algunos de los estudiantes que hoy marchan exigiendo más recursos para la educación superior no habían nacido, otros gateaban y los mayores daban sus primeros pasos. En ese entonces nuestro gobierno destinaba a la educación superior el 0.7% del PIB y atendía al 39% de los matriculados (el resto estaba en instituciones privadas). Los datos más recientes muestran que el gasto escaló a más de 1% del PIB y ahora atiende al 52% de los matriculados: saltos significativos. ¿De qué se quejan?

Mantengamos la vista en ese año inicial: los estudiantes matriculados en programas de educación superior (públicos y privados) no llegaban a 400.000;  ahora bordean los dos millones. Al mirar este enorme incremento en la población matriculada, el esfuerzo estatal, que ponía en duda la justificación de las quejas, ya no luce tan significativo. Otras dos cifras le dan perspectiva al problema. El gasto público por estudiante de educación terciaria pasó del 30% a 21% (como porcentaje del PIB per cápita) y pasamos de 11 estudiantes por profesor a 16. Total, es cierto que ha habido esfuerzos fiscales importantes pero estos no han logrado seguirle el ritmo a la creciente demanda por educación superior.

Para el gobierno y las instituciones de educación superior, además de lograr nuevos aumentos presupuestales, hay un reto enorme: no basta recibir más y más estudiantes en programas de formación terciaria. Es necesario afinar los criterios de selección y los esfuerzos financieros, sociales y pedagógicos para llevar esos estudiantes a buen puerto. La tercera parte de los matriculados en instituciones de educación superior no se gradúa nunca.  

Para los jóvenes y en general para esa clase media que exige más Estado, más educación terciaria pública, también hay retos. Los podríamos llamar retos de coherencia. Para comenzar, hace solo seis meses había candidatos presidenciales que proponían cosas parecidas a las que ahora se reclaman en la calle. Sospecho que muchos de los marchantes y de esa clase media no votó o no lo hizo por esos candidatos. El segundo llamado a la coherencia está relacionado con el financiamiento de ese Estado que se exige en las calles. Ese Estado, requiere que muchos más paguemos más impuestos. No hay forma de construir ese Estado si no apoyamos las iniciativas que proponen que participemos de esa vaca. Por ejemplo, ¿por qué nos parece aceptable que solo cerca de dos millones de personas paguen impuestos sobre sus ingresos? ¿Por qué rechazamos que las 80.000 pensiones más altas del país tributen? ¿Por qué nos oponemos al IVA a la canasta familiar que solo pagarían familias de ingresos altos y medios (a los de ingresos bajos se les devolvería)?

Sin esa dosis de coherencia seguiremos viendo desfilar las marchas mientras los servicios que el Estado ofrecerá se parecerán a los estudiantes a comienzos de siglo: unos en pañales, otros gateando, unos pocos andando.

Twitter: @mahofste

 

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