Por: Aura Lucía Mera

¡Rinrín Renacuajo!

Rafael Pombo fue un visionario. Nunca imaginó que algún día sus poemas, en principio dedicados a niños, describirían con exactitud la actualidad de la política colombiana. Los leo y releo y no doy crédito. Veo reflejados en sus estrofas a políticos, magistrados, corruptos, lagartos. Todo el despelote que estamos viviendo ya lo vaticinó en sus rimas.

Dejo a la mirada alerta y sagaz del lector descubrir las similitudes o las “coincidencias” con la realidad. Vamos a ver qué se pillan.

“El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo, / Salió esta mañana muy tieso y muy majo / Con pantalón corto, corbata a la moda, / Sombrero encintado y chupa de boda. (…)

Halló en el camino a un ratón vecino, / Y le dijo: ‘¡Amigo! Venga usted conmigo, / Visitemos juntos a doña Ratona / Y habrá francachela y habrá comilona’. (…)

Mas estando en esta brillante función / De baile y cerveza, guitarra y canción, / La Gata y sus Gatos salvan el umbral, / Y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja / Al niño Ratico maullándole: ‘¡Hola!’. / Y los niños Gatos a la vieja Rata / Uno por la pata y otro por la cola. (…)

Y así concluyeron, uno, dos, y tres, / Ratón y Ratona, y el Rana después; / Los Gatos comieron y el Pato cenó, / ¡Y mamá Ranita solita quedó!”.

“Mirringa Mirronga, la gata Candonga / Va a dar un convite jugando escondite. (…) / Que vengan las Fuñas y las Funfurriñas / Y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas...”.

“Confieso mi gran delito / Y purgarlo es menester, (…) / ¡Oh mamita! Dame palo / ¡Pero dame qué comer!”.

“Viénele a un mono la chusca idea / De ornar con flores a una marrana…”.

“Érase un búho, dechado / De egoísmo el más perfecto, / De todo siempre esquivado, / Cual si diera resfriado / Su agrio, antipático aspecto. / ‘¿Por qué me aborrecerán?’ (…) / ‘Ama, ¡oh búho!, y te amarán’”.

“Érase una viejecita / Sin nadita qué comer / Sino carnes, frutas, dulces, / Tortas, huevos, pan y pez.

Y esta vieja no tenía / Ni un ranchito en qué vivir / Fuera de una casa grande / Con su huerta y su jardín…”.

“Al fin paró el coche / Ya entrada la noche, / Y abriolo el gentío / Con gran reverencia, / Y (¡extraña ocurrencia!) / Lo hallaron... ¡vacío!

Tal es, en retrato, / Más de un mentecato / De muchos que encuentro. / ¡Qué afán! ¡Qué aparato! / Y nada por dentro”.

“Michín dijo a su mamá: ‘Voy a volverme Pateta, / Y el que a impedirlo se meta / En el acto morirá. / Ya le he robado a papá / Daga y pistolas; ya estoy / Armado y listo; y me voy / A robar y matar gente, / Y nunca más (¡ten presente!) / Verás a Michín desde hoy”.

Y así anda la cosa... muchos tratando de pescar “en el balde de mamá Leonor” o llamando al pastelero sin tener cuartillos con qué pagarlos, o colándose en la boca de un pato tragón que se los embucha de un solo estirón. De este revoltijo de ñoños, funfurruñas, viejecitas sin nadita que comer, gatos bandidos, ratones un busca de francachela y comilona, lagartos que mueven la cola y hacen ruido, pero se camuflan de cualquier color para sobrevivir las hecatombes, de antiguas fuerzas revolucionarias que tienden el símbolo de una inocente rosa, de escapados de cambios radicales para mendigar firmitas, no se sabe qué caldo sabrá...

Será un caldo pesado, para probarlo con cuidado, porque cada tacita ofrecida tendrá su ponzoña adentro, por más salsa blanca que le pongan para adornar.

Yo, mientras tanto, oigo, miro, leo…

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