Río Bogotá: ¿de río a tubería de desagüe?

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Lo que está haciendo la CAR Cundinamarca al destruir el cauce natural del río Bogotá y sus afluentes, y convertirlos en una tubería de desagüe, viola el espíritu del Acuerdo N° 17 (2009) de la misma CAR, “por medio del cual se determina la zona de ronda de protección del río Bogotá”. El acuerdo, al referirse al régimen de usos de la zona de ronda de protección, que incluye 30 metros a lado y lado del cauce, dice que sus usos principales serán: protección integral de los recursos naturales, conservación de suelos, restauración ecológica y forestal protectora, y concluye con un parágrafo que copio textualmente: “El objetivo fundamental de la zona de ronda de protección, cuya determinación se hace mediante el presente acuerdo, es la restauración de los ecosistemas protectores, es decir, de los ecosistemas nativos originales (recuperación, reforestación, forestación, etc.) y su conservación (protección, preservación, etc.)”.

Es incomprensible, inaceptable y demandable que, contando con este acuerdo, la CAR argumente que la destrucción del cauce obedece a una “acción necesaria para el manejo hidráulico”, cuando el acuerdo dice que esos usos condicionados tienen unas condiciones aplicables que son: no generar fragmentación de vegetación nativa o de los hábitats de la fauna y su integración paisajística al entorno natural, y no afectar el cuerpo de agua ni sus nacimientos.

Lo aprobado en el Acuerdo 17, que viene del Código de Recursos Naturales (1974) y de la Ley 99 (1993) como principio, también aplica para los afluentes del río Bogotá, que hoy están siendo igualmente destruidos por la CAR. Encuentro perfectamente razonable que a la pregunta del titular del artículo de Sergio Gaviria: “La CAR Cundinamarca, ¿enemigo ambiental de la región?”, la respuesta popular sea sí. Pues, como dice un exministro de Ambiente, “el motor de esas obras es ‘la contratación’: lo peor de la política en alianza con la ingeniería basura”.

Falta averiguar si la destrucción del cauce del río Bogotá y sus afluentes es parte del proyecto “Plan de adecuación hidráulica y recuperación ambiental del río Bogotá”, financiado por el Banco Mundial, pues las salvaguardias del banco impiden que con recursos de la institución se adelanten actividades que destruyan ecosistemas naturales. Si así es, esa financiación se debe parar.

Que este proyecto saque sedimentos del lecho del río en la zona urbanizada entre Cota y Soacha para acelerar la movilización de las aguas y mejorar su evacuación en épocas de lluvias intensas es una alternativa que puede justificarse, pero destruir el cauce natural en la parte alta de la cuenca y el de sus afluentes es un daño inaceptable y, por el contrario, debe exigirse su recuperación. Lo apropiado es gestionar un manejo con soluciones basadas en la naturaleza y no en contra de ella. En la parte alta de la cuenca hay que recuperar la vegetación nativa de las orillas y sus pantanos y humedales como reguladores naturales. Acciones como estas se están adelantando en muchos países, como en Reino Unido con el río Támesis o en Francia con el Sena. Lo que acá hace la CAR es una barbarie del siglo pasado. Protejamos la cuenca y hagamos que la CAR detenga ya esos trabajos de destrucción de los cauces naturales.

Nota. Una posibilidad que debe estudiarse es una ciclovía, con materiales blandos, a lo largo de la ribera del río Bogotá, desde Soacha hasta su nacimiento, como una alternativa de recreación y educación ambiental para apropiar y gestionar su recuperación y conservación.

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