Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Sacó las uñas

Me resisto a creer que los voceros de Cambio Radical, de la U y del liberalismo vayan a ser tan torpes de ingresar al gabinete ministerial. Craso error en el que incurrirían estas colectividades, porque se sumarían a un Gobierno que los desprecia y del que no reportarían nada bueno. Les pesaría. Se montarían en una montaña rusa de donde descenderían tan agitados como cuando se encaramen.

Los políticos que acaban de dejar gobernaciones y alcaldías no deberían sucumbir a la tentación de dejarse nombrar ministros. Deberían seguir el ejemplo de Federico Gutiérrez, el autopublicitado exalcalde de Medellín, quien honró su naturaleza farandulera, pues luego de decirle no a Duque (¿o a Uribe?), en vez de quedarse prudentemente callado, salió a vanagloriarse de que no sería ministro de Defensa por su propia decisión. Veremos si mi paisana Dilian Francisca Toro, la “Sultana del Valle”, pisa esa cáscara y se deja nombrar por Duque en vez de dedicarse a la actividad proselitista, donde tendría más audiencia y sobre todo futuro. El peor negocio sería dilapidar el capital político conquistado en cargos regionales, para entregarse a la fallida empresa de convertirse en alfil de este desastroso Gobierno. Los electores ya no son bobos ni tragan entero.

El Gobierno sigue sin entender los sucesos que desde el paro nacional del 21 de noviembre en adelante han sacudido las calles. La solución a esta grave crisis social que está por agitarse de nuevo no consiste en que ingresen nuevos ministros, menos de partidos que han sido socios de aventura con el presidente eterno, porque sería más de lo mismo. En otros tiempos el cambio de gabinete aliviaba y recuperaba la credibilidad, pero las cosas de hoy son diferentes. Las gentes protestando en las vías públicas desafiando el Esmad, y además en actitud deliberante en las redes sociales, obligan a que el tratamiento no consista simplemente en cambiar las caras en los carros oficiales. Es preciso mutar el estilo y los propósitos, en especial dejar de lado el siempre enfurecido talante de Uribe y su peligroso entorno.

Lo que ofrece Duque es inseguro y amenazante. Por los antecedentes de quienes fueron posesionados como consejeros de Comunicaciones y Económico-Transformación Digital —el mandamás en el jugoso negocio de comunicaciones—, fácil resulta suponer que el clima polarizante crecerá. A ellos no los nombraron para que apliquen sus esfuerzos a la reconciliación nacional, sino para que desde sus altas posiciones endurezcan las respuestas y defensas del régimen. Al uribismo no le gustan asesores serenos y de buen tono, sino quienes crean que el insulto y la persecución convencen y unen. Si en los próximos días empiezan a circular en los consabidos medios o portales adictos al Centro Democrático noticias falsas para ultrajar la reputación y buen nombre de quienes consideran enemigos, ya sabremos quiénes han desatado esa cruzada.

El Gobierno y su partido son tan intolerantes que no permiten el disenso ni a sus ministros; les está prohibido pensar diferente a Uribe y a Duque. Así lo han demostrado con la muenda que ha sufrido en Twitter la ministra de Ciencia y Tecnología, porque criticó el fracking y el uso del glifosato para fumigar plantaciones de coca. ¡Pobre ministra! Y lo que le falta.

A lo anterior se suma la creciente persecución del Centro Democrático a los profesores, a quienes sindican de promover las marchas y protestas. Por eso Uribe, cuando apareció vacacionando en una playa, rodeado de escoltas, descalificó a quien lo criticó por ser joven y estar manipulado por sus maestros. Con el criterio del presidente eterno, hoy nadie podría hablar de la gesta libertadora o de la Segunda Guerra Mundial por no haber estado vivo entonces. El fascismo en todos los lugares del planeta ha ejecutado planes de exterminio contra los educadores.

Que cambien, pues, el cuentazo de considerar a Duque una buena persona, despojado de odios y mezquindades. Ya se le ven los colmillos y sus torvas intenciones. Fue cuestión de tiempo.

Adenda. El líder social de Bojayá Leyner Palacios tiene razón. Mientras el Gobierno no reconozca la existencia del paramilitarismo no habrá paz durable.

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2020-01-12T00:00:26-05:00

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