Seguimos adelante

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Utilizo la proclama del inolvidable José Salgar, tras los destrozos que le ocasionó a este diario una bomba de Pablo Escobar. No hay comparación, pero en mi debilitada psiquis el estreno de 27 comentarios a mi escrito anterior produjo el mismo “¡saque pecho!” del soldado Micolta.

La página web de este periódico me ha metido en ese espantoso fango de la llamada red, del cual sólo escapan algunos foristas (un abrazo fraterno a Antonio Español, notario en Indiana, orgullo de nuestra familia). Una cosa es controvertir opiniones y otra demeritar a quien piensa en contrario, enfrentándole condiciones personales como su inevitable vejez, sus malos dibujos, no únicamente su relativa simpatía con un gobierno, que es continuidad de la victoria del No a Santos y del legítimo reclamo por la violación de la voluntad popular expresada en plebiscito, por la que el exmandatario fue galardonado con una medalla mundial.

Pero sigamos adelante, recordado José. A veces los meros observadores vemos mejor y en perspectiva los nombramientos que los políticos hacen, pese a hallarse a un palmo de los hechos. Es el caso de quienes han sido escogidos por el presidente Duque, poco acertado, hay que decirlo, en sus nominaciones: dos discutidos ministros de Defensa, una ausente ministra de Relaciones, un fiscal del mismo pupitre escolar y otros.

Sin embargo, tampoco es a tales escogencias a las que pensaba referirme. Observo con interés al presidente Duque, novato como pocos en el altar del poder y comparativamente insuperable al lado de quien le seguiría en el mando, muy posiblemente quien reúne a los indignados de hoy, que un día lo estarán en contra suya.

Vamos, iba a lo del Partido Demócrata norteamericano. Qué mal, pero qué mal candidato es Joe Biden. Para la presidencia del mundo occidental está muy mayor, como ahora se dice, no le faltó sino que se quedara dormido en el debate del martes pasado, frente a un energúmeno Trump, entrenado en lides televisadas, señor de la farándula y del gusto de un denominador común norteamericano, por lo que posiblemente sería reelegido. Trump, con cargas de peso en su contra, los impuestos que no pagó, la pandemia que se tardó en prevenir (ahora en carne propia), el racismo y la primacía blanca, pero contando a favor con lo que ahora se denomina la percepción, en este caso de seguridad y prevalencia del dominio norteamericano.

Biden, visto como un buen abuelo, es sin duda un ciudadano democrático, seguramente asesorado, de llegar al poder, por quienes sabrían endurecerlo en una grave confrontación, tal y como lo dijo una comentarista del común. “Amoroso” lo llamó y esta sensación puede valerle en frente del impetuoso, violento y peligroso rival.

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A Consuelo Lago, en su cumpleaños, un saludo de este otro “Hétor”, que admira la sensualidad de su creación.

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