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Segundo escalón para un acuerdo

Humberto de la Calle

05 de diciembre de 2020 - 10:00 p. m.

Álvaro Gómez convirtió en un mantra la búsqueda de un acuerdo sobre lo fundamental. Pero esto encierra problemas de método, de definiciones materiales y de establecimiento de límites.

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El método exige señalar qué es lo fundamental; la materia, los elementos verdaderamente definitorios en función del interés general, y los límites deben establecer cuáles materias son contingentes. Esto es, aquellas que encierran disyuntivas que no son cruciales.

El telón de boca, claro está, es la posibilidad siempre presente de que no haya acuerdo. Pero al menos se puede lograr un acuerdo para disentir. Y aun si se fracasa en el empeño, el ejercicio le sirve a una sociedad para, al menos, saber cuáles disyuntivas sí son esenciales.

En pasada columna señalé un primer tema: la necesidad de modernizar la doctrina militar en función de nuevas realidades. No podemos quedarnos estancados en el combate a unas Farc que no existen. Frente a este grupo, hay disidencias que neutralizar, pero ya no tenemos una guerra nacional. Hay nuevos actores, hay guerras localizadas, el ámbito geográfico de los conflictos se ha estrechado.

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Ahora tomemos la cuestión de los cultivos de uso ilícito. Viene una bocanada fresca desde la Comisión Bipartidista de Drogas del Congreso norteamericano: más interdicción de insumos y laboratorios en vez de perseguir pequeños campesinos en la lejanía. Fumigación solo para grandes extensiones. Inclusión. Apoyo a las comunidades en desarrollo del Acuerdo. Eso fue lo que dijimos en La Habana. Y también recuerdan, como lo hemos hecho en otros escritos, que bajo el gobierno de Uribe hubo un plan exitoso en La Macarena basado en iguales principios.

Este es un tema crucial. 200.000 hectáreas de coca son una calamidad. Algo falló. Es bueno mirar las razones, sin el apasionamiento de las banderías políticas. Un país sin coca es un designio compartido. Es legítimo examinar la eficacia de lo hecho para proyectar lo que se debe hacer. Quienes creemos que la sustitución voluntaria es un camino más sostenible que la represión no deberíamos ser calificados de castrochavistas. Eso puede dar votos, pero no arregla nada.

En entrevista el viernes pasado, el presidente Duque se mueve hacia el centro del espectro. Algunos le creerán, otros no. Se dirá que es jugada política pensando en el 2022. La pregunta central es: ¿esta nueva postura de Duque será atendida por su partido? ¿Es una movida colectiva o solo una cuestión personal? ¿Estarán de acuerdo los lafauries, los nietoloaizas, las mafes y las palomas?

Pero hay un elemento del enfoque de la entrevista que no comparto. No proviene de Duque sino del respetado periodista Roberto Pombo, cuando dice: “Este planteamiento es un poco la diferencia entre el Sí y el No”. No es verdad. Los del Sí creemos que hay que salir de la coca, que el elemento verdad es necesario, que las sanciones propias deben ser eficaces para que no haya borrón y cuenta nueva, que es necesario controlar el territorio, que hay que combatir las disidencias, que necesitamos desarrollo alternativo, que la JEP ahí está y se quedará. La cara del No es objetar la JEP, sacarle militares y terceros, vituperar el enfoque de género y creer que solo el glifosato redime.

Coda. Alguien importante dijo que las Farc se meten en todo. Pura paja. Donde sí están metidos es en la lista de asesinados. Faltó eso.

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