Varias encuestas publicadas la semana pasada nos dieron pistas sobre la situación de los colombianos antes y después de iniciado el paro nacional.
Pulso Social, el estudio del DANE, mostró que en los tres meses inmediatamente anteriores al inicio del paro se observó un fuerte deterioro en el bienestar de las personas. Se registró un incremento pronunciado del porcentaje de encuestados que reportaron dificultades para adquirir comida, ropa, zapatos y otros elementos básicos. Al mismo tiempo aumentó notablemente el porcentaje que preveía un deterioro adicional en el año siguiente. Sabemos que esto estaba sucediendo al mismo tiempo que en el primer trimestre del año la economía estaba repuntando en forma dinámica, aunque sin un aumento proporcional del empleo y las oportunidades, especialmente las de los jóvenes.
Se sabe también que la gente le perdió el miedo a la pandemia. Es sorprendente que, a pesar de haber registrado cerca de 500 muertes diarias durante varias semanas, una de las tasas de mortalidad más altas del mundo a raíz del COVID-19 —Colombia ocupa el cuarto puesto en la clasificación de muertes recientes por millón de habitantes— y las UCI prácticamente copadas, la encuesta de Invamer revelara que la pandemia ocupó un lugar totalmente secundario entre los principales problemas que perciben los colombianos (en marzo y abril el desempleo, la pobreza y la corrupción eran los principales asuntos que preocupaban a la gente). Esta puede haber sido una de las razones que explican porque miles de jóvenes, sin mayor temor por la infección y seguramente hastiados de los confinamientos, hubieran salido en forma masiva a marchar, protestar y socializar en las calles al lado de otras personas con problemas semejantes.
Sorprendió mucho el resultado de la misma encuesta que señala que, en medio de la crisis creada por el paro, el porcentaje de la gente que piensa que las cosas están mejorando subió en forma sensible. Este resultado es aún más extraño y pronunciado para el caso de Cali, la ciudad más afectada por los bloqueos y la violencia, donde el porcentaje de personas que piensan que la situación está empeorando cayó 25 puntos. La Silla Vacía interpretó este dato en el sentido de que “el paro es un motivo de esperanza”, algo que, a primera vista, parecería ir en contravía del sentido común, pero que podría derivarse de las mediciones de Invamer.
De acuerdo con los estudios de Invamer y Guarumo, la gran mayoría de los encuestados, aunque apoyan las protestas pacíficas, se oponen a la violencia y a los bloqueos. Va a ser interesante observar cómo cambian estos porcentajes si se mantiene el paro, a medida que aumenta la carestía y se siguen registrando actos de violencia como los realizados contra las instalaciones de la justicia en algunas ciudades del occidente del país.
De cara a las elecciones de 2022, los estudios de favorabilidad indican que ninguno de los posibles candidatos a la Presidencia ha capitalizado las marchas y protestas. Según Invamer, todos están más o menos igual que antes del paro, aunque los números negativos de Petro subieron un 3 %. El reducido grupo de líderes que mantienen una favorabilidad superior a su desfavorabilidad está conformado por Humberto de la Calle, Sergio Fajardo y Juan Manuel Galán. Para todos los demás, sus cifras negativas superan las positivas.