Por: Salomón Kalmanovitz

Señales mixtas

La inflación está llegando al 4 %, que es el rango superior de la meta del Banco de la República. La devaluación, que volvió a intensificarse en los últimos días, ha propiciado este desborde, que la autoridad monetaria ignoró al mantener la tasa de interés de referencia sin modificar. Quizás espera que siga lloviendo, que el senador Uribe no insista en su media prima populista para los trabajadores, que la carretera al llano se va a mantener abierta, sosteniendo una adecuada oferta de alimentos, y que el peso no se siga devaluando. Si no sucede alguno de estos hechos fortuitos, le va tocar al emisor tomar medidas drásticas hacia futuro: o contiene la inflación o se van a multiplicar los desequilibrios macroeconómicos, además del déficit fiscal y el déficit en las cuentas externas del país (-4,5 % del PIB).

La devaluación del 13 % en lo corrido del año debería fomentar las exportaciones, pero estas se siguen contrayendo al 1,2 % durante el tercer trimestre frente al anterior. Debería también frenar las importaciones, pero no: estas aumentaron de nuevo al ritmo endiablado del 10 %. Sin embargo, el voluminoso déficit comercial no le hace mella al crecimiento del PIB que, empujado por el director del DANE, alcanzó el 3,3 % durante el tercer trimestre.

¿Cómo hace la economía colombiana para crecer al 3 % cuando América Latina crecerá solo al 0,6 % en 2019? Gracias al sector financiero, que crece 8,2 %, básicamente constituido por las utilidades del sector, pues prácticamente no genera empleo ni salarios; actualmente supera el 20 % de la riqueza del país, mientras que la industria obtiene solo el 11 % de la misma. Otro campeón es el comercio, financiado obviamente por el primero, que crece casi al 6 % y se dinamiza vendiendo bienes importados, sobre todo chinos, pero también muchos carros de México y Brasil, que, a diferencia de Colombia, se siguen industrializando. El tercer lugar es para el sector público, que crece 4,3 %, a pesar de que el ministro Carrasquilla está buscando contraer el gasto del gobierno para devolverles impuestos a las empresas.

La industria creció a un magro 1,5 % y la agricultura al 2,6 %, impulsada por la reapertura de la carretera al llano y las lluvias. La construcción obtuvo una caída del 3 %, pero el subsector de las edificaciones obtuvo una estruendosa baja del 11 %. Las obras civiles aumentaron 13 %, por los alcaldes tratando de culminar sus obras.

Según Sergio Clavijo, la cartera de los hogares está creciendo a exageradas tasas del 9 % real (o sea 13 % nominal), en presencia de malas lecturas de los índices de confianza y de un desempleo que ha alcanzado 12 % de la fuerza de trabajo urbana. Esa es una mala señal: existe el riesgo de que muchos de esos hogares no puedan honrar sus deudas si alguno de sus miembros queda desempleado.

El Congreso no permite que Carrasquilla logre sacar adelante su Ley de Financiamiento, lo cual es una buena noticia para el equilibrio fiscal, amenazado por la política trumpista de bajarles impuestos a los ricos. El Gobierno, agobiado por los odios del Centro Democrático, no se atreve a buscar alianzas con otros partidos para hacer aprobar su agenda legislativa.

Así las cosas, la administración Duque-Uribe no tiene capacidad de dirigir la sociedad ni la economía para cumplir su reaccionario programa, que consiste básicamente en volver a la guerra. Al mismo tiempo, busca también desmantelar el Estado requerido para financiarla.

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2019-11-17T09:52:14-05:00

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2019-11-17T14:43:23-05:00

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