Por: Daniel Mera Villamizar

Ser Pilo Paga: continuarlo sí, pero no así

Los rectores, mansos, cuando el presidente los recibió para anunciar que SPP será política de Estado.

El 6 de abril ocurrió una reunión casi incomprensible en Casa de Nariño. Según se desprende de las noticias, rectores y directivos de 11 de las más prestigiosas universidades, seis estatales y cinco privadas, no lograron decirle al presidente Santos de algún modo lo obvio: hablar de la continuidad de Ser Pilo Paga, SPP, sin hablar de financiación y de equidad en la educación superior es… un poco extraño.

Estaban la ministra de Educación, el ministro de Hacienda y el director de Colciencias. ¿Cómo transcurrió esta cumbre sin que abordaran los grandes problemas de la educación superior? Es un misterio. ¿Acaso los rectores, considerados, pensaban: "No vamos a importunar al presidente; sigámosle la corriente y salgamos en la foto que quiere"?

Esa reunión nos recuerda el tipo de liderazgo autocomplaciente de este gobierno y su fe en el poder de los anuncios: cree que va a "concertar" con las universidades públicas el proyecto de ley para que SPP sea política de Estado y no se ha enterado de que este programa despierta fantasmas y demonios ideológicos, además de razonadas objeciones.

Está en las nubes. El trámite en el Congreso será una pesadilla, con más opositores de los que se imagina, aun si ofrece una ruta de solución para el déficit presupuestal de las universidades públicas. El presidente cree que el punto es "equilibrar" las preferencias de los pilos entre universidades privadas (82 %) y universidades públicas (18 %), mediante "correctivos necesarios" en la ley. Autocomplaciente.

Al parecer, ningún rector encontró palabras para decirle: "Pero presidente, eso va en contra de la esencia de Ser Pilo Paga. ¿Dará más apoyo de sostenimiento a los que escojan universidades públicas para cambiar las preferencias?". Y segundo, presidente, el proceso de admisión funciona distinto en las públicas (no discrecional) y las privadas (discrecional). Tendría que meter discrecionalidad en la admisión de las universidades públicas para conseguir ese "equilibrio". Un lío.

Las pocas buenas universidades públicas son tan selectivas en una cantidad de carreras que muchos pilos sin dinero no pueden estudiar allí, pero sí en las privadas, que les ofrecen bastante más. He ahí un sentido de SPP que entienden los padres de familia cuya "lotería" es un hijo amante del estudio, no tanto los críticos ideologizados.

La solución no es bajar la selectividad de las universidades públicas, sino aumentar su oferta de cupos y elevar la calidad de la educación básica y media pública, y, "naturalmente", cobrar la matrícula según la capacidad de pago. Y claro, tomarse en serio el bienestar universitario, con profundas innovaciones. Lo que llaman una política de educación superior, que este gobierno no tuvo, pero sí el eslogan de "Colombia, la más educada".

Sin embargo, en una política de educación superior moderna la distinción relevante con las universidades privadas es si tienen ánimo de lucro o no. Si una universidad privada no tiene ánimo de lucro y cumple con calidad los fines de la educación, ¿por qué el Estado tendría que hacer una distinción radical que la sociedad no hace? Sería una completa miopía no trabajar con las universidades privadas al tiempo que se crean universidades públicas. Así, al cambiar el marco mental, las críticas a Ser Pilo Paga se aprecian diferente y surgen otras.

SPP es también un programa para no desperdiciar por razones de desigualdad nacional una parte del talento excepcional que sale de la educación media. La formación de calidad de ese talento humano debe estar relacionada directamente con los compromisos de la educación superior con el desarrollo económico del país, por distintos motivos.

Pues bien: el actual diseño de SPP no refleja eso. El contrato entre el Icetex y el beneficiario solo se preocupa por la penalización, insostenible como está, cuando debería ocuparse también de incentivos como participación en beneficios económicos de patentes e innovaciones. Un "acuerdo" global entre el Estado y cada universidad privada altamente receptora de SPP ayudaría a asegurar más los rendimientos sociales y económicos para el país, en sintonía con las prioridades de la política de ciencia y tecnología, a la que ya sabemos cómo le ha ido en estos años.  

Con algo de imaginación, la discusión con UniAndes puede ir más allá del precio de las matrículas y profundizar el componente estratégico de país en un acuerdo global, por ejemplo.

Así que estamos ante un difícil dilema: o aceptar lo casi inaceptable: que el gobierno Santos pretenda volver política de Estado SPP sin enfrentar los grandes problemas relacionados de la educación superior, cosa que ya le queda grande, o dejar en el limbo el programa, a la espera de la visión que tenga el próximo gobierno. En todo caso, el presidente puede meter SPP en el presupuesto de la nación de 2018.

Acabar Ser Pilo Paga no resolvería los problemas de financiación de las universidades públicas y en cambio sí tendría enormes costos en espíritu estudiantil de superación académica, en origen policlasista de las futuras élites, en competencia académica universitaria, en capital humano de alto nivel, en pluralismo de pensamiento, en integración nacional  y, claro, en movilidad social.  

Mientras, repito aquí cuatro sugerencias de cambios en Defensa y reforma de Ser Pilo Paga:

1) Incluir entre los beneficiarios de SPP a los pilos de calendario B que cumplan con los puntajes de Saber 11 y Sisben; no hay una razón válida a la vista para excluirlos y el MEN se expone a acciones judiciales; 2) individualizar la entrega de resultados de Saber 9 para hacer identificación temprana de talentos; 3) complementar o mejorar el Sisben como instrumento de focalización socio-económica; y 4) otorgar becas parciales a los pilos no tan pobres, para que las familias completen la mejor inversión posible en su número ganador de la ‘lotería’.

@DanielMeraV

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