Por: Uriel Ortiz Soto

¿Será que ahora sí nos escuchan?

La marcha del 20 de Julio, día del grito de nuestra independencia, fue desde todo punto de vista importante para crear conciencia de rechazo, nacional e internacional, sobre las prácticas despiadadas e inhumanas de las Farc; con casi dos mil quinientos compatriotas secuestrados, muchos de ellos, con más de diez años de cautiverio, soportando inhumanos tratos, encadenados, hacinados en malolientes cuchitriles, con hambre, desnutridos, harapientos y padeciendo todo tipo de enfermedades tropicales; es decir, con un sistema de vida tan malo y tan perverso que ni siquiera en la era Hitleriana, que horrorizó al mundo, logró practicarse.

Después de la operación jaque, en la que se rescataron catorce secuestrados; sumados la muerte de sus jefes máximos: “Tirofijo” y “Raúl Reyes”; los continuos golpes asestados al secretariado y mandos medios, mas las deserciones de personal de base; podemos estar absolutamente seguros que a la Fuerza Pública, con el apoyo internacional y moral de todos los Colombianos, le sobra capacidad para  someter o aniquilar a este grupo facinerosos que tanto dolor y lágrimas ha causado al País, durante casi cincuenta años. Las Farc, en los actuales momentos esta fraccionada y sin unidad de mando. Tal es el caos en la organización, que existe división entre los mismos frentes y son varios los tesoreros que se han fugado con fuertes sumas de dinero.  

¿Pero, es que, donde está la parte ideológica de las Farc, para que se le siga señalando como grupo guerrillero; si desde hace más de veinte años cambiaron su ideario revolucionario por el negocio del narcotráfico, la extorsión, el secuestro y el chantaje? No olvidemos también, que: la destrucción de pueblos, la voladura de oleoductos, carreteras, puentes, puestos de salud, de policía, iglesias, escuelas, casas de campesinos con sus posteriores desplazamientos, la violación de mujeres, la incorporación de menores de edad y asesinatos en serie; son actividades propias de bestias humanas y resentidos sociales, cuya única justificación de existencia, es el dinero recaudado a través de delitos atroces guardado en caletas,  pudriéndose en la selva bajo espesas capas de vegetación. Además de vulgares delincuentes, son ingenuos e ignorantes, pensando que los arrumes de billetes expuestos a la humedad, al sol y al agua, les genera intereses.
 
Los gobiernos cooperantes en la lucha contra el narcoterrorismo deben tener clara conciencia, que en nuestro País, ya no se trata de combatir grupos guerrilleros. Hay es que preparar las últimas acciones encaminadas a someter o capturar delincuentes narcoterroristas. Para concepto de muchos entendidos en la materia, el Acuerdo Humanitario, ha perdido su razón de ser. Desde luego que toda acción militar, que se diseñe debe tener como ingrediente fundamental el rescate con vida de todos los secuestrados. Casi que podríamos decir que lo que queda de la mal llamada guerrilla, son reductos que se encuentran en apuros por estar acorralados y perseguidos por la Fuerza Pública.

Con la marcha del domingo, que fue abrumadora, las Farc, sufrió un rechazo mundial. Han de saber que sus prácticas cobardes y criminales no tienen espacio ni en lo social, ni en lo político. Sin embargo, no esperemos mucho de estos bandidos, porque no tienen alma, ni sentimientos, bien vale la pena seguirlos combatiendo como lo que son: narcoterroristas y vulgares delincuentes del secuestro, la extorsión, violación y el chantaje. Lo primero que tenemos que hacer es excluirlos del vocablo guerrillero.

El Gobierno del Presidente Uribe, con el respaldo de sus gobernados, la comunidad internacional y los gobiernos amigos, debe acudir a la, Organización de Estados Americanos, OEA, para que exija a los gobiernos de Nicaragua y Ecuador, definan de una vez por todas, si están con Colombia y el Mundo, en la lucha contra el narcoterrorismo, o si son aliados de los grupos subversivos que actúan al margen de la Ley. Las tantas ambivalencias y posiciones sospechosas de los últimos días, están provocando todo tipo de reacciones, enfrentamientos y malos entendidos. Es preciso que los Organismos Internacionales, tomen cartas en el asunto, los llamen al orden para que aclaren de una vez por todas si son afectos a la paz,  ó en su defecto los expulsen del seno de las organizaciones a las cuales pertenecen gobiernos democráticos bien cimentados y amantes de la concordia y el progreso de los pueblos.

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