Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

Si este fuera un país serio

Para empezar, si este fuera un país serio no le tendríamos tanto miedo ni tanta rabia al humor. Nos reiríamos a las carcajadas con las parodias de los caricaturistas o con las payasadas de los payasos (sic) que se consagran a mamarles gallo a políticos, corruptos y curas pederastas. Nos reiríamos hasta con los cuentachistes (o cuentahuesos) de radio y televisión. [Aquí, sin querer queriendo, me acuerdo de una frase de José Ingenieros, siquiatra italoargentino que me hacían leer en bachillerato: “Todo mediocre por lo general es solemne”. Y al revés, ni se diga, “todo solemne por lo general es mediocre”].

Si este país fuera serio no gritaríamos a voz en cuello, ni siquiera murmuraríamos, que Nairo Quintana y Rigoberto Urán no sirven para nada, están pasados de moda o son unos falsos positivos del ciclismo.

Si este país fuera serio, cada varón sabría, entendería, aceptaría y aplicaría en su vida el irrefutable consejo de las abuelitas: “A una mujer no se le pega ni con el pétalo de una rosa”.

Si este país fuera serio, en la meta de una maratón habría por lo menos una bombona de oxígeno para darles aire a los asfixiados y no esperar cinco, siete o diez minutos a que el ahogado se muera delante de todos, entre la agonía de las almas solidarias que no lo querían dejar ir al incierto más allá, los gritos de socorro de los espectadores menos insensibles y la frívola algarabía del seudoalcalde seudomaratonista por haber mantenido o mejorado su puto récord personal.

Si este país fuera serio, la muerte del maratonista no habría sido excluida de la mayoría de noticieros de radio, televisión e internet. Ni los testimonios de los maratonistas que lo ayudaron en la meta habrían desaparecido por arte de brujería de las páginas offline and online de revistas y periódicos.

Si este país fuera serio, nunca confundiríamos coca con cocaína, así como jamás confundimos caña de azúcar con aguardiente o ron.

Si este país fuera serio, dejaríamos que los indignados expresaran su indignación como les diera la reverenda gana y no como mandan las falsas, dobles y buenas costumbres.

Ahora bien, si este país fuera serio, no sería Colombia. ¡Ni por el chiras!

Rabito: “Victoria alguna vez había dicho a los periodistas que le preguntaban ansiosos sobre su marido: ‘Yo no vivo con un mito’. Esa tarde, más allá de las leyendas, su dolor no era tan elemental como el de cualquier mortal, el de una mujer que había perdido al hombre que amaba. Le acarició las manos y dijo: ‘No hay nada que hacer, hemos perdido la guerra, ahora tendremos que comprar la paz’. Tras su personal y silencioso homenaje salió corriendo para no ver cómo la masa enterraba a otra cosa que no era estrictamente su hombre”. Alonso Salazar J. La parábola de Pablo. Auge y caída de un gran capo del narcotráfico, 2007.

Rabillo: “Pregunta de la semana. ¿Debió el alcalde expresar alegría en público por mejorar su tiempo en una carrera atlética, el mismo día en el que un ciudadano murió, otra tuvo que ir a cuidados intensivos y un extranjero fue atropellado en el mismo evento? ¿Es correcto y solidario?”. Semanario Vivir en El Poblado, Medellín, edición #713, septiembre 20-26 de 2018.

Rabico: “Payaso: Del it. pagliaccio. 3. m. y f. Artista de circo, generalmente caracterizado de modo extravagante, que hace reír con su aspecto, actos, dichos y gestos”. Diccionario de la lengua española. Edición Tricentenario. Actualización 2017. Real Academia Española, RAE.

@EstebanCarlosM

 

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