Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Silencios sepulcrales

El descubrimiento por parte de la Justicia Especial para la Paz (JEP) de una fosa común repleta de cadáveres, asesinados por el ejército para inflar las cuentas de guerrilleros dados de baja en combate, no mereció un solo comentario por parte de nuestro presidente. Este silencio —literalmente sepulcral— es inaudito.

Pero, por supuesto, tiene su historia. Primero, el nombre de Uribe está asociado a estos crímenes. De hecho, y de manera típica, los justificó (“no estarían cogiendo café”). Segundo, tanto Duque como su partido hicieron todo lo posible por desmontar —o, como plan B, neutralizar— la JEP; la bombardearon de manera permanente. Este hallazgo llega no por Duque, ni siquiera de manera independiente de Duque, sino a pesar de él. Tercero, estos muertos nos están diciendo a gritos qué es lo que sucede cuando se impone la doctrina de que ciertos sectores pueden y deben estar por encima de la ley. Y que hay otros no cobijados por ella. Pero esa es la doctrina oficial del Centro Democrático: desde las palomas hasta los duques. Es, en buena medida, lo que los mantiene unidos.

Si la sociedad colombiana acompaña a Duque en su funesta omisión, estará declarando tácitamente que se merece que le ocurran estas y otras desgracias mayores. Normalizar estas cosas es girar un cheque en blanco a buena cuenta del horror —un horror que puede explotar después en la cara de cada uno de nosotros—. Me recuerdo mucho —pues fue tal vez el primer libro serio de historia que leí en mi vida— que, al final de sus Apuntamientos para la historia, el general José María Obando les responde a quienes lo acusaban de haber contribuido a destruir un mundo idílico —en todo caso imaginado— en el que vivían que eran ellos mismos quienes habían sembrado con sus acciones y omisiones la semilla de la destrucción. La moraleja de Obando era simple y doble: los efectos de lo que hicieron y callaron fueron irreparables, y ustedes ya no tienen derecho de quejarse.

No dejo de pensar que, en cierto sentido, Obando ha seguido mandando en vano su advertencia a generaciones de colombianos, a la postre castigados por muchos males, entre ellos miopía extrema. ¿Cómo hacer para que captemos al fin el mensaje? Tolerar (o promover taimadamente) estas cosas tiene sus efectos. A propósito, nadie puede decir que el descubrimiento de la JEP vaya contra la fuerza pública. De hecho, Me pongo en los zapatos de los miles de uniformados que han cumplido con su deber y han obrado con rectitud, y me imagino su indignación al enterarse de esta mancha que cae sobre el uniforme que han portado con orgullo.

Por lo demás, nadie puede afirmar que se trata de un episodio marginal. La directora de Medicina Legal estima que habría cerca de 200.000 desaparecidos en fosas comunes. Es una declaración seria de una persona que sabe mucho del asunto. Por mi parte, debo decir que tengo evidencia seria de que hay una subestimación sustancial en las cifras de desaparecidos que circularon en el pasado.

Todo esto plantea unas conclusiones de fin de año duras. Pero quizás si las tomamos en serio los próximos diciembres sean menos crispados y estén menos marcados por descubrimientos aciagos. Primero, la JEP ya está justificando con creces su existencia. Es necesario apoyar la justicia transicional. Segundo, hay que marcar con fuego la justificación del homicidio de otros colombianos. Tercero, tenemos que seguir denunciando a gobernantes y políticos que sigan parados sobre esa justificación. Cuarto, debemos comenzar a comprender que la miopía homicida causa desastres.

Ojalá haya muchísimos artistas, empresarios, militares, trabajadores, periodistas, políticos que sientan que esto que acaba de desenterrar la JEP no puede cubrirse con un manto de silencio, que piensen que tenemos algo que aprender del episodio. Si lo dicen abiertamente, será un bonito regalo de Navidad para Colombia.

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2019-12-20T00:00:54-05:00

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2019-12-20T02:17:15-05:00

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