Por: Aura Lucía Mera

Sin fronteras

El asesinato de tres periodistas ecuatorianos, hecho abominable, cruel, injustificable, nos lleva a aceptar una realidad, por más espantosa que nos parezca: el narcotráfico no tiene fronteras. Es un tsunami que arrasa lo que se le ponga por delante.

El asesino: Guacho, ecuatoriano, perteneció a las extintas Farc, guerrilla colombiana. El lugar: la frontera colomboecuatoriana, que en la realidad es tierra de nadie; tierra de narcotraficantes colombianos, ecuatorianos, mexicanos, americanos, europeos, etc. Porque la droga es una multinacional. Su tráfico mueve billones de billones y ese negocio no lo para nadie, a menos que los países que ponen los muertos se pongan de acuerdo para legalizar los cultivos.

Lo que sucede, y creo que no estoy tan equivocada, es que nuestras banana republics siguen arrodilladas al imperialismo yankee y no nos atrevemos a dar esa lucha. Estados Unidos y Europa se bañan literalmente en oro cuando un cargamento de cocaína o marihuana logran “coronar” y llegar a su destino. Jamás se ha mencionado el cartel EE. UU., ni el cartel España, Holanda, Alemania. Ellos son invisibles, intocables, desconocidos, intangibles como el rayo del sol que atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo.

El mundo entero consume. La cocaína es el motor de arranque de una sociedad global enferma, desorientada, sin valores ni ideales. El mundo entero necesita de los guachos, los peones de brega, los campesinos que cultivan bajo amenazas para poder sobrevivir.

Ecuatorianos y colombianos lloramos la muerte de estos periodistas, que simplemente querían investigar o acercarse a esa medusa de mil cabezas. Se arriesgaron demasiado. Resultaron incómodos y perdieron la vida sin que le importaran a ningún capo internacional. De los de verdad. Los guachos del narcotráfico son los simples sacamicas del negocio.

Duele ver al vecino país sumido en el duelo. En México han sido cientos los periodistas asesinados y se convirtieron en estadística. Ya nadie recuerda sus nombres. En Colombia igual. Son tantos, tal vez miles, asesinados por interferir contra los capos, que se nos perdió la cuenta. Y esa espiral de violencia y muerte seguirá en ascenso mientras nuestros países hermanos y el nuestro no se unan en una política definida sobre el tema.

Colombia ha teñido de sangre inocente todos sus ríos. Más de medio siglo. En este año que avanza ya son más de 100 líderes sociales asesinados y este país no ha decretado un solo día de duelo. Aquí ya estamos acostumbrados a la muerte. La noticia en los periódicos es cuando en un pueblo o ciudad, en vez de 3.000 muertos, sean 2.500.

Ojalá Ecuador detenga a tiempo esta tragedia porque, como afirmé en el título, no existen fronteras cuando se trata del negocio de la droga. Capturarán al Guacho, aparecerán otros guachos. Es una cadena sin fin. Unámonos todos en una política conjunta y coherente sobre este monstruo de mil cabezas. De lo contrario, la metástasis seguirá extendiéndose. ¡Estamos a tiempo!

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