Sin Galán

Se cumplen los 20 años del asesinato del único asomo de político honesto que tenía Colombia en la historia contemporánea.

Hubiera podido hacer mucho por el cambio de nuestras costumbres sociales y políticas; aguerrido y temerario denunciante de los grupos mafiosos y desestabilizadores del país, dueño de una punzante oratoria, tocó llagas y heridas que lo condujeron al cadalso de los odios y de la intransigencia.

Hoy, caminando por sobre los escombros de nuestra convulsionada geografía, respiramos un aire de incertidumbre y de dificultades que nos alejan de un verdadero norte para nuestros hijos, somos presas de un país violento y desplazado, de un país segregado y corrupto, navegamos por un mar de olas encrespadas. Desde este pequeño espacio los invito a reflexionar por nuestro país y por nuestras regiones, sólo así consolidaremos el país que tanto queremos ver: libre de corrupción y de violencia, de guerrilleros, de ‘narcos’ y paramilitares, de monopolios deshumanizados, libre de desplazados y rico en hombres educados para asumir el reto del futuro de Colombia. Pero si los propósitos como los de Luis Carlos Galán siempre dejan estelas de muerte en quienes los pregonan, no llegaremos a puerto seguro; dejemos crecer la semilla de las ideas y del libre pensamiento y lancémonos a la aventura de construir un país donde se acorten las distancias y se reduzcan las brechas que han abierto los odios y los egoísmos, la falta de cobertura en la salud y en la educación, la mala redistribución de recursos y, sobre todo, en este momento, la enfermiza concentración del poder.

 Jorge Aristizábal Valencia. Villavicencio.

Lapsus

N. del D.: Varios lapsus tuvimos en las páginas de opinión de nuestra edición impresa durante este puente festivo. El sábado comenzó con el último párrafo inconcluso en la columna de Julio César Londoño sobre Truman Capote que, ante las cartas que han llegado, aquí repetimos: “Fue frívolo, sí, y también cínico, a la manera de los moralistas irónicos, pero es injusto desconocer que el cinismo era la única manera que le quedaba a una inteligencia tan retorcida como la suya, que su obra es de una seriedad que asusta y de una belleza que ya la quisiera el mismísimo Proust”. Siguió el domingo en el editorial donde se hablaba de la posible tercera reelección, cuando apenas vamos por la aspiración a la segunda, y con la columna de William Ospina, en la que habló de la pérdida del Canal de Panamá, siendo que la perdimos toda y todavía sin Canal. Y cerró ayer con la columna de María Elvira Bonilla, quien comenzó diciendo que “hace diez años cayó el muro de Berlín”, cuando ya vamos a completar los 20. Mil disculpas.

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