Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Sin piloto

Que el subpresidente Duque no está habilitado para solucionar esta difícil situación no está en duda. Tampoco, que no tiene equipo ni asesores que le aconsejen sensatamente, pues ya se vio que el trasteo de una embajadora en Europa a la Casa de Nari solo sirvió para diseñar y ejecutar la peligrosa y fallida estrategia de planificar el terror. Pero lo más inquietante, a juzgar por sus erráticas declaraciones, es que el mandatario está cercado por recomendaciones de inexpertos o de quienes aspiran a solucionar las dificultades solo con el Esmad, o lo que parece ser otra tragedia: que está viendo todo con la lente de los empresarios.

En efecto, el ostentoso presidente del Consejo Gremial, Jorge Enrique Bedoya, olímpica e irresponsablemente sostuvo que “aquí no hay crisis”. ¿ De modo que el país lleva 10 días en vilo, con dos paros en una semana, con marchas multitudinarias, con un estudiante asesinado por el Esmad, y aquí no está pasando nada? A esta perla agregó otra no menos altanera, cuando criticó a los organizadores del paro porque exigieron que la “conversación nacional” con Duque fuera solamente entre ellos, y no con el enjambre de lagartos que llegaron a participar de esa reunión que la Casa de Nari convirtió en un coctel matutino.

Algunos de los asistentes o testigos de esa jornada palaciega dan cuenta del ridículo que protagonizó Duque suspendiendo varias veces las deliberaciones para que pudieran ingresar los empresarios, más tarde los presidentes de las altas cortes y después los jefes de los órganos de control, sin que ninguno fuere necesario allí, hasta que los promotores del paro entendieron que lo que estaba en curso era una encerrona mediática para que aparecieran sentados con la supuesta institucionalidad, representada por funcionarios que deberían estar trabajando en vez de estar estorbando, y con empresarios que creen que el Gobierno debe estar solo al servicio de sus voraces intereses.

La diferencia con el manejo de la crisis chilena permite asegurar que aquí estamos en la sin salida. Piñera cogió el toro por los cachos y se sentó a hablar con quienes tenía que dialogar. Los empresarios chilenos entendieron el drama y uno de los más ricos exhortó a sus colegas a distribuir riquezas. Por algo se empieza. En cambio, Duque todavía no sabe qué hacer, pues parece estar ejecutando las órdenes de sus asesores de ultraderecha empeñados en que aquí todos son narcoterroristas, salvo ellos. Y las pocas cosas que ha hecho confirman su infinita torpeza y su intención de desafiar. Por ejemplo, confirmar a Pacho Santos, quien de nuevo prefirió humillarse a sostenerse; anunciar que fortalecerá el temible Esmad, luego de que uno de sus agentes asesinara a un joven indefenso; insistir en una reforma tributaria que traerá más penalidades a los desvalidos pero más alivios a los ricos, o lanzar frases huecas y retadoras para cumplirle a su obsesión contra Petro, que solo aplauden sus áulicos, como la de que “los pirómanos no van a ganar con violencia lo que no ganaron en las urnas”. Duque disfruta gobernar con odio, pues allí donde sus decisiones puedan fastidiar e irritar prefiere hacerlo, antes que superar tensiones.

Mientras tanto, la oportunista vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, a pesar de lo que sostiene de dientes para afuera, no pudo disimular que estaría encantada de asumir si es que Duque un buen día tiene que renunciar. Por eso anda entusiasmado el impresentable Fernando Londoño, quien en nombre del uribismo furioso ya rompió plaza y pidió a Duque retirarse, obviamente porque prefiere a la otrora presidenta de la entidad para la que supuestamente trabajaba cuando se hizo célebre como el “Héroe de Invercolsa”. Ambos se acomodarían con facilidad.

Paradójicamente, lo único que hoy protege a Duque de la creciente solicitud ciudadana para que abandone el poder es que Marta Lucía sea su vicepresidenta, pues, obviamente, de asumir el mando la locuaz y oportunista funcionaria, quedaríamos en manos igualmente desastrosas. ¡Que entre el diablo y escoja!

El problema más grave ya no es la crisis misma, sino que no hay quien pueda ni quiera resolverla.

Adenda. Se necesita ser algo más que mala persona para sostener la infamia de que el joven Dilan fue culpable de su propio asesinato, como lo afirmó un intolerante alfil del uribismo. Habló el partido de gobierno.

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2019-12-01T00:00:29-05:00

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