Por: Víctor de Currea-Lugo

Siria camina a la guerra

Siria está al borde de una guerra. El nivel de violencia aumenta y con ella el número de detenidos, heridos y muertos. Al principio la revuelta florecía en unas poblaciones mientras amainaba en otras, ahora la llama se ha expandido y mantenido. Las tensiones se extendieron a Homs, Hamah, Latakia, Duma, Alepo y a los barrios de Damasco.

Las acciones contra la población civil por parte del ejército y de sus milicias “shabiha”, de composición alawí, son sistemáticas, desproporcionadas y masivas. Demasiadas pruebas para ocultar la realidad: desapariciones, ejecuciones, uso de artillería pesada contra viviendas, ataques a marchas fúnebres, allanamientos, torturas, y un largo etcétera. A pesar de esto, los sirios vencieron el miedo. Ya en abril, debido a la represión, renunciaron 228 miembros del partido Baaz, en el poder desde 1963.

La oposición no es artificial ni reciente. Dos de las organizaciones de oposición previas son: el Frente de Salvación Nacional, dirigido por Abdulhalim Haddam, antiguo asesor de Al-Asad, y el Movimiento por la Justicia y el Desarrollo en Siria, conformado por los firmantes de la “Declaración de Damasco” de 2005, una petición de justicia a Al-Asad que fue respondida con el encarcelamiento de 12 de sus autores.

La oposición actual logró articularse por medio de dos mecanismos –separados entre ellos- uno político y uno militar, el Consejo Nacional Sirio y el Ejército Sirio Libre, tan heterogéneos como lo es la población. El primero se consolidó gracias a reuniones internacionales (como la cumbre de agosto en Estambul) en las que opositores del régimen buscaron crear un contrapoder, compuesto por personalidades como Burhan Ghalioun. Dentro de Siria, los Comités de Coordinación Local son los espacios de organización de los manifestantes.

A estas organizaciones se han sumado grupos musulmanes y kurdos. Los Hermanos Musulmanes y los de la Declaración de Damasco se unieron en octubre al Consejo inicial para dar origen al Consejo Nacional Sirio Unido. Los kurdos, 10% de la población, se unieron en el Movimiento Nacional de Partidos Políticos Kurdos, con su propia agenda: garantizar que en una eventual caída del régimen, el poder no quede sólo en manos árabes.

Además, Rifaat Al-Asad, tío del actual presidente y hermano del anterior, conformó el Consejo Nacional Democrático, otro grupo de oposición. Rifaat se propuso como nuevo líder: “vamos a derribarlo”, dijo desde su mansión en París. También está en la escena Abdul Halim Khaddam, uno de los pocos suníes que ascendió en las instituciones sirias llegando a ser vicepresidente. Khaddam fue removido del poder por Bashar en 2005 y trasladado a Paris, donde creó un “gobierno en el exilio”.

El ejército rebelde tiene su origen en el progresivo número de deserciones que empezaron en julio y aumentaron luego de la caída en Libia de Gadafi. Desde agosto se habla de cargamentos de armas camino a Siria. La fallida fase de protestas pacíficas parece dar paso a la confrontación armada. Los ataques en noviembre al Complejo de Inteligencia de las Fuerzas Aéreas y a una sede del Partido Baaz, ambas en Damasco, así como acciones armadas en Homs y Rastan, muestran una capacidad militar creciente, aunque su autoría no está confirmada.

Desde Turquía operan algunos grupos contra el régimen de Asad, bajo el mando del Coronel Riad al-Asaad, quien dice tener el control de “miles de hombres” y que no ve otra salida que la lucha armada. Según Daniel Iriarte, habría mil desertores organizados en la frontera entre Siria y Líbano. Siria ha demandado a los demás países no aceptar a los rebeldes, pero la neutralidad sería cómplice ante los hechos.

 *PhD, Profesor Universidad Javeriana
 

 

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