Sobre el metro en Bogotá

Cuando me suscribí a El Espectador lo hice con la esperanza de que este medio conservaría su tradición crítica e independiente, postura que, por fortuna, han mantenido en temas como el del oscuro trámite del referendo.

No obstante, percibo que esta misma postura no existe en el cubrimiento de algunos varios temas de Bogotá, en particular aquellos en los que hay intereses directos de la administración actual.

La megaobra del metro es un tema que merece análisis, confrontación de argumentos sólidos basados en cifras y estudios rigurosos para que los bogotanos podamos formarnos una opinión. Pero no. En lugar de esto, encuentro el domingo una mansa entrevista a Esteban Rodríguez, encargado de los estudios, en la que no nos cuentan cuántos pasajeros-kilómetro movería el metro en comparación con TM, dato crucial en el debate, y sí nos cuentan, en cambio, detalles tan irrelevantes como que el señor Rodríguez es amante del vino.

En la misma senda encuentro una columna de Fernando Rey, el único experto, además ex funcionario de la Secretaría de Movilidad, que se ha atrevido a defender la megaobra en los foros hasta ahora realizados. En ella brillan por su ausencia las cifras y los argumentos sustentados en estudios y en experiencias en otras ciudades. Es más una apasionada y en ocasiones folclórica defensa del proyecto con argumentos tan extraños como que el estudio incluyó “un cuidadoso esquema de financiamiento capaz de garantizar la sostenibilidad del proyecto”, cuando el mismo Alcalde ha dicho que no sabemos aún cuánto podrá costar la obra ni si el funcionamiento del metro será autosostenible, otro tema neurálgico en la discusión hasta ahora ausente en sus páginas.

Espero encontrar pronto en las páginas de la sección los argumentos de quienes con cifras y, en mi opinión, sólidos argumentos cuestionan la necesidad de la obra, pues, hasta el momento, El Espectador me ha dejado la impresión de no ser sino el vocero oficial de la administración distrital en esta discusión.

 Federico Arango. Bogotá.

La Segunda Guerra Mundial

La conmemoración que por todas partes se hace hoy del inicio de la Segunda Guerra Mundial, 70 años después, debiera dejarse para el 9 de septiembre, día en que en realidad termina el horrible episodio. No tiene ningún sentido que se celebre el inicio de algún conflicto. Si de conmemorar a las víctimas se trata, mejor haríamos en recordar el día en el que se le puso punto final.

 Lorenzo Jaramillo. Pasto.

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