Sobre el plagio

A medida que las artes han ido conformando un corpus, inabarcable hoy, de dominio público, las nociones de novedad, originalidad, autenticidad se han vuelto conflictivas, de fronteras imprecisas. ¿A quién pertenece el rostro de la Mona Lisa, despojada de enigma por el bigote y la perilla que develan una deliciosa androginia? ¿Cuánto le reconocería el señor Duchamp al inventor del mingitorio, que al exhibirlo en la galería Schwarz de Milán, ennobleció nuestra vulgar urgencia? Todo se complicó con la sombra expansiva de la mercancía. ¿Qué hacen los artesanos del convento de Santo Domingo en Cartagena de Indias cuando reproducen la figura de Gertrudis de Fernando Botero?

Sin embargo, hay dos relatos de Borges que predican la fatalidad de las semejanzas. En ‘Pierre Menard, Autor del Quijote’, afirma: “Todo hombre  debe ser capaz de todas las ideas (...) Atribuir a Louis Ferdinand  Céline o a James Joyce la Imitación de Cristo, ¿no es una suficiente renovación de esos tenues avisos espirituales?”. Y en ‘Kafka y sus precursores’, postula: “El hecho es que cada escritor crea a sus precursores”.

Como si lo anterior no bastara, es imposible olvidar la advertencia de  Cervantes, o Don Quijote, en el prólogo a su novela de 1605: “De todo esto ha de carecer mi libro, por qué no tengo que acotar en el margen, ni qué acotar en el fin, ni menos sé qué autores sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras del  abecé (...)”.

Como se ve, las nociones tradicionales y hoy simples de la propiedad en  su sentido del Derecho Privado son insuficientes para comprender el plagio como un elemental asunto de comillas o de repeticiones o de pareceres similares. Tanto en las artes como en las ciencias. ¿Cuántas aspirinas hay?

 Roberto Burgos Cantor.  Cartagena.

 *  * *

Con estupor leí en su edición del pasado domingo 29 de marzo el artículo sobre la pena impuesta a la escritora colombiana Luz Mery Giraldo por el supuesto plagio de la tesis de grado de una alumna sobre el poeta Giovanni Quessep. Quienes conocemos a Luz Mery Giraldo desde hace muchos años, sabemos de su integridad personal y su rigor académico. Luz Mery fue alumna de Giovanni Quessep, ha sido estudiosa de su poesía, escribe frecuentemente sobre él y no necesita plagiar a nadie. La solvencia intelectual de Luz Mary es incontestable y le ha merecido mantener su docencia durante largos años en las universidades más prestigiosas del país. Este parece ser un nuevo caso de esos que han hecho carrera en años recientes en centros educativos, en los cuales los alumnos descalifican y desacreditan a sus profesores, apropiándose, ellos sí, de un conocimiento y profundidad que no tienen. Mejor dicho, Los pájaros disparándoles a las escopetas.

 Olga Lucía Toro.  Bogotá.

El editorial

Su editorial “Frente a la violencia escolar” (El Espectador, semana del 30 de marzo al 5 de abril), que comenta algunos datos para Bogotá, menciona dos tipos de medidas que bien podrían servir para una fase final de un proceso que, antes, exigiría ser tomado críticamente desde sus raíces. En un trabajo académico de 2004 demostré de qué manera la estructura carcelaria de nuestras escuelas se explicaba, entre otros elementos, porque los reglamentos escolares (tomando una institución representativa de Bogotá) no se diferenciaban en forma ni en fondo del reglamento vigente entonces en la Cárcel Bellavista de Medellín.


No inventa el suscrito algo nuevo, pues Foucault ya había expuesto en 1976 de qué manera la escuela occidental cristianizada asumió la “idea panoptizante” del presidio tal y como la incorporaron también el taller y el hospital modernos desde el siglo XVIII. Ello, reforzado en la escuela por la manera mediante la cual buena parte de las “órdenes menores” de la catolicidad (jesuitas, lasallistas, dominicos, etc.) asumieron como propio el control de la forma y el fondo de la escuela en la civilización cristianizada (en connivencia con aparatos estatales confesionales católicos) y, por esa vía, impusieron regímenes disciplinarios de vigilancia y castigo que en nada desmerecieron desde entonces al aparato carcelario; todo ello díjose que “para aislar a los jóvenes de las garras del pecado”...

¿Cómo extrañarse entonces hoy de que los estudiantes escolares actúen como presidiarios? ¿No inspira al desacato violento de toda esa normatividad carcelaria la propia configuración de nuestras más caras instituciones “educativas” rodeadas de rejas, vigilantes, perros y, en fin, toda la misma parafernalia carcelaria? ¿Acaso es gratuito entonces que los ocupantes de los buses escolares que se desplazan por las ciudades a la hora de entrada y salida aparezcan amenazantes con sus gritos, malos comportamientos y vejámenes diversos en su interior y hacia el exterior?

¿Por qué no empezar a decir estas verdades antes de proponer soluciones a la violencia escolar que, sin lo primero, arriesgan caer en el vacío?

Bernardo Congote.  Bogotá.

Respuesta a Yamhure

Asegura el señor Ernesto Yamhure, al escribir una columna en El Nuevo Siglo: “A las palabras ruines de esa señora (Piedad Córdoba) se sumaron las de un hombre gris del que se sabe permaneció durante largos períodos en la zona de distensión de Pastrana y que se presenta como “experto” en materia de paz”, ”destapó sus cartas, se arrancó la máscara de caucho, se liberó de sus ataduras y sin ruborizarse, desconsolado, acusó al Gobierno de haber masacrado a Reyes, con quien convivió y compartió muchos momentos durante los insoportables años del despeje”, creen que con las bajas de Reyes y Ríos el país “ha retrocedido en más de 200 años”.

Esto viene precedido de un ataque a la senadora Piedad Córdoba y, lógicamente, trata de hacer ver que somos de los mismos con relación a las Farc, a Anncol, a ONG y que claramente nos identificamos con el terrorismo por pensar diferente a él y al Gobierno. No, el señor Yamhure está equivocado al hacer estas aseveraciones irresponsables que sólo demuestran el grado mental en que se encuentra.

No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni mayor sordo que el que no quiere oír. Democracia no es totalitarismo, ni paz es sometimiento, ni reconciliación es imposición. Personajes como este columnista sólo nos permite pensar que la búsqueda de una solución civilizada es imposible, ya que creen que sólo se logrará la paz a punta de plomo. Esa hipótesis que hoy se muestra en cabeza del Gobierno de que hay que “darles para que se arrodillen, y después se sienten a negociar la paz” está mandada a recoger y nosotros los que pensamos diferente siempre hemos creído que el diálogo es una manera muchísimo mejor que la utilización de la fuerza.

Con relación a la muerte de Raúl Reyes, he dicho a través de los medios: fue un error político. La prueba de ello es lo que vemos hoy con relación al posible acuerdo humanitario. La manera en que se hizo fue una masacre que además violó territorio extranjero y es, a mi modo de ver, un error político, por lo que ello representa ante la comunidad internacional. Recuerdo que hasta el presidente Uribe pidió disculpas. Lo de Iván Ríos y la forma en que se mostró, fue otro fracaso con consecuencias lamentables en el tema del Derecho Internacional Humanitario. Que no utilice Yamhure palabras para hacer ver que uno es el malo por no estar de acuerdo con muchas cosas que a él le gustan, para justificar otras. No somos amigos del terrorismo, pero eso no quiere decir que estemos de acuerdo con el mal manejo oficial, no sólo en estos temas, sino en muchos otros, entre ellos que se quiera decir que quienes no estamos con el Gobierno somos terroristas.

Lázaro Vivero Paniza.  Bogotá.

 

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