Sobre la Cuarta Flota de E.U.

El 24 de abril la Armada de Estados Unidos anunció el restablecimiento del cuartel de la Cuarta Flota en reconocimiento a la excelente cooperación, amistad y mutuo interés en las Américas con las Armadas de la región.

No hay naves permanentemente asignadas en la Cuarta Flota, ni hay intención alguna de asignar naves en la región. El cuartel de la Cuarta Flota no tendrá fuerza militar desplazable permanente y, ciertamente, tampoco tendrá un buque portaavión asignado. La plana, comandada por un contraalmirante, experimentará un aumento de 40 plazas por encima de su nivel normal de 80 miembros, todos ellos asignados a la base de Mayport, Florida. Simplemente, este cuartel, con su plana, hará que funcione de una manera más efectiva el ejercicio de operaciones y actividades que promueven y refuerzan el establecimiento de estructuras y el desarrollo de capacidades de las naciones aliadas, mejorando la cooperación marítima.

En nuestro compartido hogar —las Américas— realizamos importantes operaciones marítimas, las cuales podemos alcanzar juntos. Éstas comprenden asistencia humanitaria, como la gira del buque hospital Comfort, que realizó 400.000 intervenciones médicas en la región; apoyo a las operaciones de paz; asistencia en casos de desastres y operaciones de auxilio; operaciones antinarcóticos; cooperación regional y entrenamiento interoperacional.

La seguridad marítima es de suma importancia en un hemisferio de más de 30 países, con más de 400 millones de habitantes y 15,6 millones de millas cuadradas de agua (unos 24,9 millones de kilómetros cuadrados). Es igualmente importante para Estados Unidos, como para nuestros países aliados en la región, que continuemos trabajando juntos.

Jim Stavridis. Almirante, Armada de Estados Unidos, Comando Sur.

Miami, Florida

Vida privada

Generalmente los colombianos hemos sido respetuosos de la vida privada de las personas de vida pública; esto debe seguir así, aparte de ciertos chismes que nunca pasan de círculos de amigos, algunos bastante aficionados a ellos, pero me parece que no se deben ventilar los afectos y sentimientos de los ex rehenes de las Farc, sobre el doctor Géchem, Gloria Polanco, Luis Eladio, Íngrid y sobre lo que está viviendo Juan Carlos Lecompte...

Déjenlos en corrillos como todos los demás que conocemos, pero no hacerlo noticia para consumo nacional. La vida privada debe seguir siendo privada.

Adelina Covo. Cartagena de Indias.

Planilla única

Siempre me he preguntado la razón que explica la poca responsabilidad que asumen los políticos colombianos por sus actos.

En cualquier otra democracia real, y no de papel, cada que un funcionario mete las de caminar, su superior le pide la renuncia; es más, en algunos casos él mismo decide renunciar o, mejor aún, el propio jefe asume el error de su trabajador y él mismo se retira de su cargo. No importa lo alto o importante que éste sea. Entre más alto, más responsabilidad se asume.

Acá en Colombia, como quedó claro con la irresponsable forma como se excluyó a un pedazo grande de los colombianos que no tienen acceso a un computador –y nótese que a las autoridades esto les parece rarísimo–, el Ministro de la Protección Social ni se enteró de que la cosa era con él. De manera cínica ve uno que además se incurre en excusas y razones que no vienen al caso. Que la línea de atención sí funciona –pero no funciona–, que la gente se demoró en pedir la información, que la culpa la tienen éstos o los otros. ¡Hasta cuándo!

En el fondo lo que queda claro es que somos un país que ha reproducido, por décadas, una peculiar relación con lo público: no nos importa que lo público les pertenezca a todos. Precisamente por eso, por ser de todos, unos pocos asumen que se puede hacer y deshacer y ello, además, sin dar mayores explicaciones. 

Así las cosas, dudo mucho que un país con tantas necesidades pueda mejorar.

¡Responsabilidad, señores políticos, responsabilidad!         

Ilda Herrera. Bogotá.

Violencia urbana: ¿percepción?

Que la inseguridad en la capital –visible en puentes peatonales como los de la calle 116 abajo de la séptima, o la calle 127 con novena, o el centro en la noche, o aun en barrios como Teusaquillo, que antes fueron modestos y hoy se encuentran de capa caída– es en realidad un producto de la percepción que no pasa de ser un muy mal chiste de parte de nuestro alcalde, Samuel Moreno Rojas.

¿Desde cuándo, se pregunta uno, el atraco a mano armada es señal de “percepción”? ¿No es acaso lo suficientemente real y potencialmente peligroso un cuchillo?

La inseguridad, real y no imaginada, merece un trato lejano al de las encuestas y los números que por momentos sólo parecerían permitir que los reales debates que hay que dar, en pro de una ciudad libre de crímenes, se pospongan. 

Matilde Vega. Bogotá.

 

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