Por: Antieditorial

Sobre la deforestación

Por Luis Jairo Silva Herrera

La principal causa de la deforestación a escala mundial —y Colombia no es la excepción— es la ampliación de la frontera agropecuaria que, según la FAO (2016), en Suramérica llega al 65 % causada por la agricultura comercial; 20 %, por la agricultura de subsistencia; 10 %, por la infraestructura, y 5 %, por la expansión urbana.

Es paradójico que con 40 millones de hectáreas de suelos agropecuarios en Colombia, tan solo se usen siete millones y el resto estén ocupadas en ganadería extensiva de baja productividad, y, sin embargo, se están talando 270.000 hectáreas anuales para ampliar una frontera agropecuaria que no abastece las necesidades alimentarías del país, ya que importamos más de 12 millones de toneladas de alimentos.

Es contradictorio que teniendo 55 millones de hectáreas con bosques seamos importadores de madera, luego de que en las décadas de los años 50 a 80 fuimos exportadores de maderas finas. Teniendo cerca de 20 millones de hectáreas de vocación forestal sin bosque, ocupadas también por una ganadería extensiva en zonas de pendiente que ocasionan deslizamientos e inundaciones en invierno y escasez de agua en verano; apenas hay plantadas menos de 500.000 hectáreas, de las cuales más del 80 % son con especies introducidas y solo se plantan menos de 20.000 ha/año.

En el diagnóstico sobre las causas de la deforestación se ha desconocido por completo la participación de la academia, del gremio de ingenieros forestales, de la investigación y de las autoridades ambientales, actores de vital importancia para tener un panorama más amplio y de esta manera comprender mejor el diagnóstico y proponer estrategias viables para transformar los bosques de frontera agropecuaria en productores de bienes y servicios.

Se ha demostrado en varios proyectos que los bosques se pueden manejar de forma sostenible y producir bienes y servicios que mejoran las condiciones de las comunidades que viven en ellos y cerca, mediante el aprovechamiento maderero y de subproductos, destacándose proyectos financiados por la FAO en las décadas de los años 60 a los 90; pero que desafortunadamente, con la terminación del Inderena, se abandonaron. De tal manera que el Estado ha sido incapaz de demostrar que el bosque manejado sosteniblemente es posible y una alternativa para el desarrollo de las comunidades.

Con la creación de las autoridades ambientales se les delegó la responsabilidad de administrar los bosques; con el decreto 1791 de 1996 se reglamenta el aprovechamiento de los bosques. Para el aprovechamiento de madera con fines comerciales se debe realizar un inventario y elaborar un plan de manejo silvicultural que garantice la sostenibilidad. Para ello, la CAR que autoriza el permiso, está en la obligación de supervisar el aprovechamiento y la aplicación del plan de manejo. Si se cumpliera esta norma, deberían existir miles de hectáreas de bosques manejados, como ejemplo para que los poseedores y usuarios del bosque puedan ver que sí es posible el manejo. Por lo tanto, debemos preguntar a las CAR, principales actores oficiales de la administración, manejos y conservación de los bosques, ¿dónde están estos bosques manejados de forma sostenible?

*Ingeniero forestal. 

 

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