Por: Cartas de los lectores

Sobre la Operación Marquetalia

En la edición digital de su prestigioso diario, espacio “Cultura” del pasado miércoles 28 de los corrientes, bajo el título “Operación Marquetalia, 53 años de un mito fundacional” y con la firma de Nancy Paola Moreno, se difundió un escrito que casi en su integridad no corresponde a la verdad histórica.

Lamentablemente, la abolición de la enseñanza obligatoria de historia en los establecimientos educacionales colombianos, desde hace 33 años, permite que en algunos casos, como en el del escrito antes mencionado, las afirmaciones de un articulista puedan convertir en “verdades” circunstancias y hechos inexistentes.

De la lectura del artículo en mención, puede deducirse que las principales fuentes consultadas fueron algunos escritos de Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, y de Luis Alberto Morantes, alias Jacobo Arenas, ideólogo de las Farc, además del diario Tribuna Gaitanista del 17 de agosto de 1951 en la cual se describe en forma pormenorizada un brutal asesinato a machetazos cometido en Villarrica (Tolima), obviamente dejando un velo de duda sobre la identidad de los criminales que lo perpetraron. A renglón seguido, la señora Moreno asevera que los campesinos del Tolima “desenterraron algunas armas de la Guerra de los Mil Días para defenderse y más adelante se refugiaron en Marquetalia “huyendo de la barbarie y la muerte”. Da luego plena credibilidad a Manuel Marulanda, cuando afirma que “…ordenaron y practicaron degollamientos y fusilamientos de centenares y miles de campesinos” “…establecieron mataderos públicos de hombres y mujeres liberales (y comunistas), de ancianos y niños, convirtiendo los alrededores de Chaparral en verdaderos campos de exterminio”.

No obstante que a un lector avezado le puedan asistir serias dudas en cuanto a la utilidad de armas enterradas durante medio siglo, la creación de “mataderos públicos de hombres y mujeres” y los “degollamientos y fusilamientos de centenares y miles de campesinos”, habrá otros ingenuos que en esta “era de la posverdad” –dado el prestigio de El Espectador— puedan otorgar alguna credibilidad al artículo, objeto de esta rectificación.

Frente a las inexactitudes de quien escribió el artículo y de sus fuentes, en honor a la verdad, es necesario precisar:

1.- En la “Operación Marquetalia” no participaron 16.000 hombres de las Fuerzas Militares, como afirma la articulista. Solamente lo hicieron tres batallones con apoyo aéreo y con menos de un millar de efectivos.

2.- El “Plan Lazo” no obedeció a ninguna imposición de la Doctrina de Seguridad de los Estados Unidos, ni se concibió exclusivamente “para la Pacificación del Tolima”; fue una concepción militar auténticamente colombiana y tuvo por objeto la erradicación de las bandas de forajidos que aparecieron en más de siete departamentos de la geografía nacional.

3.-El Ejército colombiano nunca participó en las guerras de Vietnam y Argelia, solamente lo hizo en la de Corea, atendiendo a una solicitud del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y junto con soldados de otras 15 nacionalidades, para luchar por la libertad e independencia de Corea del Sur de la invasión demencial del dictador Kim-il-sung.

Por ello, falta a la verdad el apartado del artículo que (sin comillas) reza: “Los soldados habían estado en las guerras de Vietnam, Corea y Argelia”. “Llevaron equipos aéreos que dejaban caer napalm y manipulaban bacterias”.

4.- Para la fecha de la “Operación Marquetalia”, los aviones a reacción aún no habían llegado a la Fuerza Aérea Colombiana, luego es falsa esa afirmación y más falso aún, que tales aviones “regaban la selva con un terrible rocío de bacterias”; “una especia de viruela negra empezó a manchar la piel de niños y grandes”. Las anteriores afirmaciones las atribuye la sra. Moreno al exsacerdote católico australiano Walter Broderick, biógrafo del también exsacerdote Camilo Torres, y a quien nuestro Gobierno otorgó la ciudadanía colombiana hace cuatro años.

5.- También es absolutamente falso que alrededor de 2.000 campesinos fueran desalojados, encarcelados y aproximadamente 200 de ellos fueran torturados y asesinados, como cita la señora Moreno, sin comillas y atribuyendo la información a alias Jacobo Arenas. Afirma luego que “hubo cuerpos que nunca pudieron ser identificados, porque su cabeza y manos fueron cortadas”. Ese tipo de acción salvaje y desalmada sí podría atribuirse a algunas acciones de guerrilleros y paramilitares, pero nunca a un soldado colombiano.

Invocando la tradicional ecuanimidad y responsabilidad que han distinguido a El Espectador durante sus 130 años de existencia, antes que la ley 29 de 1944, espera la Academia Colombiana de Historia Militar, que se publique la presente rectificación al escrito de la señora Nancy Paola Moreno, a todas luces parcializado y difamatorio contra las Fuerzas Militares de la Nación.

Ramiro Zambrano Cárdenas. Presidente de la Academia Colombiana de Historia Militar.

Envíe sus cartas a [email protected].

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