Por: José Fernando Isaza

Sobredosis

Cuando Holanda adoptó la política de tratar la drogadicción como un problema de salud pública y no penal, el jefe de policía respondió a la pregunta de si no le preocupaban las muertes por sobredosis que la política descriminalizadora tendría, que sí, pero que los muertos por sobredosis eran inferiores a los decesos por la caídas de las ventanas y que no se contemplaban medidas para suprimir las ventanas en el país; que era cierto que tenían un problema con la droga, pero no tenían la criminalidad asociada a la prohibición; que los países prohibicionistas tienen mayor consumo de alucinógenos y además altos niveles de criminalidad.

Han pasado más de 30 años de esta declaración y las cifras corroboran que esa política es más sensata. En el año que terminó en marzo de 2017, la tasa de muertes por sobredosis por cada millón de habitantes es de 11,1 en Holanda, mientras en Estados Unidos alcanza 172 muertos por millón. Se ha querido asociar el escandaloso aumento de muertes por sobredosis en EE. UU. al incremento del área sembrada de hoja de coca. Las estadísticas no avalan dicha conclusión. En el período antes mencionado se registraron 65.000 muertes por sobredosis de drogas, un crecimiento del 124 % en sólo tres años. El 80 % de los decesos son por heroína y fentanil, alucinógeno que es 50 veces más potente que la heroína: unas pocas gotas son sobredosis. En el último año, las muertes por este opiáceo se duplicaron.

En el período 2006-2015, las muertes por sobredosis de cocaína cayeron en EE. UU. de 7.448 a 6.784. Las de heroína en el mismo período pasaron de 2.480 a 12.784. La materia prima para la producción de heroína es la amapola, que se cultiva principalmente en Afganistán, país de hecho ocupado por las tropas estadounidenses. Durante el régimen talibán, el cultivo se desplazó a otras latitudes, entre ellas Colombia. Hoy la producción en nuestro país es insignificante. La contención de los talibanes ha estado asociada a la recuperación de los cultivos. Las muertes en EE. UU. por el mal uso de los analgésicos también ha crecido de 13.723 en el año 2006 a 22.500 en el año 2015. Nadie ha propuesto la medida absurda de bombardear los laboratorios farmacéuticos.

El alcohol, estimulante hoy legalizado luego de la prohibición entre 1920 y 1933, que no controló su consumo, pero sí permitió la proliferación de las mafias, causó 30.000 muertos relacionados a su uso en el año 2015. La cifra se eleva a 90.000 si se consideran las muertes causadas en los accidentes de tránsito por conducir bajo el efecto del alcohol. El alcoholismo se trata como un problema de salud pública con restricciones estrictas para el suministro a menores de 21 años. Las muertes directas vinculadas al alcoholismo superan 4,5 veces las atribuidas a la cocaína. Tampoco se oyen propuestas para bombardear las destilerías de licores. La marihuana dejó de ser una preocupación en EE. UU. De hecho, está legalizada para uso recreacional en muchos estados. EE. UU. es autosuficiente. El valor de la cosecha es el mayor de los productos agrícolas, superando al del maíz.

Mientras se mantenga la política de convertir un vicio en un delito penal, las muertes y la corrupción asociadas al narcotráfico seguirán proliferando. Llevar a la cárcel a los consumidores del tabaco y del alcohol, como se hizo antaño y como se hace hoy con los de alucinógenos, lejos de resolver el problema, lo agrava.

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