Por: José Manuel Restrepo

¡Somos ricos, pero a trabajar!

Hace sólo algunos años el que fuera presidente del HSBC, uno de los más respetados bancos del mundo (de hecho el banco privado más grande del planeta), afirmaba que Colombia podría ser parte de las 30 mayores economías del globo en el 2050. Además afirmaba que Colombia en este período sería una de las economías que tendría mejor desempeño macroeconómico. Para lograr esto, Colombia tenía obviamente algunos desafíos. De un lado, debía crecer en promedio por encima del 4 % anual (4,5 % en promedio entre el 2010 y el 2020 y 4,2 % de allí en adelante) y aumentar su ingreso per cápita de 6.250 dólares en 2010 hasta 11.530 en el 2050. En palabras de Michael Geoghegan, expresidente del HSBC: “Colombia representaba una nación y economía joven con una gran población. Un país diverso y dinámico, y en términos relativos, políticamente estable y con un futuro muy brillante”.

Han pasado casi ocho años desde aquella predicción y francamente no hemos sido capaces de lograr lo que nos pedían para alcanzar la mencionada gloria. El promedio de crecimiento anual del PIB de estos años no supera el 3,85 % y de igual forma (o peor aún) el ingreso per cápita que en 2010 era 6.250 dólares, al año 2016 había disminuido a 5.805 dólares según datos del Banco Mundial (usando dólares a precios actuales). Así las cosas, si el expresidente del HSBC repitiera su premonición, seguramente nos invitaría a hacer mayores esfuerzos para encontrar nuevas fuentes de crecimiento del PIB, para avanzar en mejoras en la distribución del ingreso, para efectivamente aumentar la productividad y competitividad, y para finalmente motivar de mejor manera el desarrollo del sector empresarial.

Hoy, ocho años después, recibimos una noticia parecida. El Banco Mundial acaba de publicar su estudio “The changing wealth of nations 2018: building a sustainable future”, que intenta hacer una aproximación a la riqueza de las naciones. En este análisis Colombia aparece con una riqueza de 6,17 billones de dólares y representando el 0,53 % de la riqueza global, que suma 1.143 billones de dólares. Este dato nos ubica como terceros en América Latina detrás de México y Brasil, que por su tamaño naturalmente se ubican bastante más arriba (39 y 14 billones de dólares respectivamente). La nueva mala noticia es que cuando la comparación se hace por la riqueza per cápita bajamos a los últimos lugares de la región, lo que no es nada distinto a una invitación a ser mucho más productivos.

Para medir la riqueza, el Banco Mundial incluye criterios como el capital producido y la tierra (que incluye maquinaria, equipos, infraestructura y tierra urbana); el capital natural (que incluye tierra agrícola, riqueza petrolera y carbonífera, minerales y áreas forestales protegidas y no protegidas); el capital humano (desagregado por género y estatus de empleabilidad, y valorando y descontando a valores presentes los ingresos proyectados a los largo de la vida de las personas) y finalmente los activos externos netos (que incluyen la suma de la inversión extranjera directa y los activos de reservas internacionales).

Una de las principales conclusiones de dicho estudio proviene del hecho de que en los países desarrollados y más ricos el 70 % de la riqueza per cápita viene del capital humano, mientras que en países pobres no es superior al 40 %. Significa eso que el primer paso para mejorar es trabajar en el capital humano, lo que no es nada distinto a mejorar en calidad, equidad y cobertura del sistema educativo desde los primeros años hasta el nivel doctoral, pasando por ofertas más pertinentes en la educación terciaria y en la media. Pero significa también preparar el talento humano con equidad de género para la cuarta revolución industrial, mejorar en el uso y acceso a la tecnología de punta, promover el bilingüismo y poner a funcionar la locomotora de la innovación, que nunca tuvo carbón suficiente.

Si no tomamos este camino de dirección corremos el riesgo, como ya nos pasó con el mensaje del expresidente del HSBC, de que ocho años después no avancemos en la forma que necesitamos para sacarle provecho en este caso a ser una de las naciones más ricas de América Latina.

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