Por: José Fernando Isaza

Sorpresa

El incremento de los precios del petróleo es una buena noticia para el país y en especial para las finanzas del Gobierno Nacional. Como diría Pambelé, es mejor vender productos caros que productos baratos.

Múltiples causas permiten explicar está variación en los precios: la economía mundial se está recuperando, los inventarios de crudo en los países de la OCDE están en los niveles de los promedios móviles de siete años, en el año 2016 aquellos superaban en un 25 % el nivel promedio; el efecto más significativo que explica el aumento de las cotizaciones es el cumplimiento del recorte de producción de los países de la OPEP. Se había acordado una reducción de 1,3 millones de barriles diarios, esta meta se cumplió en septiembre de 2017, y a partir de ahí la reducción superó la meta y hoy está en un 164 % de cumplimiento, dos millones de barriles/día. ¿Qué explica esa disciplina de los países productores? No fue el recorte adicional de Arabia Saudita, que disminuyó la producción en 200.000 barriles/día adicionales. El 72 % de la mayor reducción se produce en Venezuela, 500.000 barriles por día. La drástica caída de la producción no se debió a una política de asumir, en bien de los otros países productores, el costo de restringir en oferta. Fue consecuencia del pésimo manejo gerencial de la principal fuente de ingresos fiscales y de divisas de nuestro vecino país. El modelo de producción “socialismo del siglo XXI” no solo ha destruido la producción agrícola industrial que estaba en manos privadas, sino también ha afectado en materia grave a la petrolera estatal. Le debemos un agradecimiento a nuestro vecino por ayudarnos a mejorar, por lo menos durante un período, las cuentas fiscales colombianas.

Los precios actuales del crudo Brent están alrededor de los US$72/barril, la mayor cotización en los últimos tres años y medio. Se produce un aumento en las reservas de Ecopetrol, al hacer económicamente viable la explotación de yacimientos “costosos” y posibilitar los procesos de recuperación secundaria y aun terciaria. Es de esperarse una reactivación mayor en la producción de crudo pesado en los Llanos Orientales. La inversión en exploración muestra señales de aumento, reflejado en el crecimiento de la inversión extranjera en el sector petrolero.

Es de esperarse que este “ingreso ocasional” no lleve a aumentar el gasto público y a crear más riesgos en las cuentas fiscales. Como no es posible predecir el futuro de los precios, es mejor ahorrar parte significativa de los ingresos adicionales y así disminuir dolorosos ajustes si hay una nueva caída en las cotizaciones.

El efecto de los precios del crudo sobre la tasa de cambio parece hasta ahora haber sido limitado, gracias a que el aumento de la tasa de interés de los Estados Unidos produjo un fortalecimiento del dólar. Es de esperarse que el Banco de la República y el Gobierno Nacional estén preparados para evitar una fuerte revaluación que afecte al sector productivo.

Nota final. El desastre ecológico producido por el derrame de crudo en el campo Lizama muestra la necesidad de aplazar cualquier intento de producción por fracking, método este mucho más riesgoso para el medio ambiente que los procesos convencionales. Si fue lenta la respuesta para resolver un problema de un pozo convencional, ¿qué ocurriría en un campo con tecnología fracking?

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2018-05-02T22:00:54-05:00

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