Por: Hernán Peláez Restrepo

Tenían razón

Cuando Francisco Maturana y Antonio Cervantes Kid Pambelé pronunciaron frases que pasaron a la historia folclórica del país, muchos, y me incluyo, las encontramos extrañas, por no decir contradictorias.

“Perder es ganar un poco”, intentó explicar Maturana, lo que a la larga resultó cierto. Después de una derrota, tanto en la vida como en el fútbol, alguna experiencia se consigue, y eso es ganar. En medio de la caída, y cuando pueden sobrevenir depresión y otras yerbas espirituales, algo positivo se logra.

Aquella frase lapidaria de Maturana hoy tiene aceptación y sin reparos. Parece inusual como celebran jugadores, sean del Cali en la Copa Sudamericana, cuando perdieron por dos a uno, delante del Sportivo Luqueño, pero avanzaron a siguiente ronda, o del Real Madrid, que fueron vencidos por el Atlético en los 90 minutos festejaron a más no poder por clasificar a la final de la Liga de Campeones.

Mucho antes, perder era perder puntos en el fútbol. Sin embargo, en el presente, más se demora el juez central en pitar el final de partido para que los perdedores abran la compuertas de alegría y sonrisas. Pareciera que los técnicos y los mismos jugadores aprendieron matemática incipiente y suficiente para hacer cuentas rápidas.

Maturana tenía razón: “perder es ganar un poco”, o como en los casos descritos del Cali y el Real, es ganar mucho.

Recordando a Pambelé, cuando aún disfrutaba de la gloria y la bonanza económica, gracias a sus puños, aseguró: “es mejor ser pobre que rico”. Claro, esta afirmación tuvo tanta aceptación que hoy en día la corrupción transita con generosidad. Muchas personas, sean contratistas del Estado o funcionarios del mismo, anhelan conseguir billete como sea, ignorando ética y ejemplo para los hijos, y, lo peor, desvergonzados para pedir propinas, construir sobornos, maquillar cifras, etc. La única motivación es la propuesta por Pambelé: “es mejor ser rico que pobre”.

Tenían razón tanto Maturana como Pambelé. Perdiendo se gana, lo cual viene ocurriendo en competencias de fútbol y de jerarquía, y el anhelo de ser ricos, pasando por encima de principios, está tristemente en plena evidencia.

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