No nos consta

Tola y Maruja sueñan que van al Ejército

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Anoche tuvimos una pesadilla la hijuemama: soñamos que la vice Martica nos reclutó pal Ejército y nos rumbó pa un batallón contraguerrilla en plena selva del Catatumbo.

De nada valió que chilláramos y pataliáramos, Martica nos tusó la cabeza, nos quitó el delantal y nos puso camuflao. Marta por Dios —imploró Tola—, me dites dos botas derechas. Tranquila tía, eso le corrige los juanetes.

¿De qué te vamos a servir nosotras en la milicia, Marta Lucía bendita —supliqué yo—, dos viejorras pachochas y gordas? No se preocupen, tías —dijo Marta—, sirven de trinchera.

Mirá Marta —le mostró Tola—, tengo pie plano, no sirvo... Y la artritis me engarrotó la mano de disparar. Queliace tía, puede activar la granada con la caja de dientes.

Yo tengo ojeción de conciencia, Marta —inventé desesperada—, mi religión me prohíbe empuñar armas contra el prójimo. Y este uniforme tan juanchón me queda nadando.

Danos tiempo Martica de sacar las cesantías y comprar la libreta militar —rogó Tola. No tías, las necesitamos en la tropa pa que los soldados las vean y se les caiga la libido. ¿La qué? Libido: ganas de canchis canchis.

Un camión nos llevó hasta Ocaña y de ahí tiramos infantería hasta la Brigada Móvil, donde nos dieron el recibimiento pa los reclutas nuevos: un aguacero de sopapos.

En la madrugada un grito nos hizo brincar del catre: ¡AJÚA! Era el general Zapateiro que nos quitó la cobija y nos sacó arriadas a formación pal saludo a la bandera.

Por la tarde nos llevaron al primer operativo, que fue muy fácil porque no era sino vestir de uniforme militar y ponele armas en la mano a un guerrillero difunto.

Cuando volvimos al batallón, el comandante nos felicitó por el positivo y nos puso a descoger el premio: una hamburguesa, un día libre o una recarga de cedular.

Por la noche Tola y yo estábamos tan tramatizadas con la vestida del finao que nos propusimos desertar al amanecer, huir a Venezuela y pedir coloca de sirvientas en la mansión de Ales Saab.

Fortunadamente al otro día pudimos hablar con el general Zapateiro y logramos que nos trasladara pal Comando Central de Inteligencia, como chuzadoras de teléfonos.

Pero en este oficio no duramos nada porque nos pusieron a chuzar al padre Francisco de Roux y nos quedamos dormidas mientras él rezaba el rosario con monseñor Darío de Jesús.

Nos hicieron consejo de guerra por traición a la patria y de castigo nos tuvimos que aprender el himno del Ejército, que tiene unos versos que deprimen al más berraco: “Y cada tumba oscura donde yace un soldado...”.

De pronto resultamos en la fiesta de los quince de la hija del brigadier, y nos presentó al Ñeñe, un costeño patialegre que cada ratico gritaba: ¡Tenemos presidente, hijue...!

Y por allá contestaba la senadora Angélica Lozano: ¡Con estos hijue... no se puede hacer nada! Y lejos se oía el eco de Uribe: ¡Nos están oyendo estos hijue...!

Y como los sueños son tan raros y cambian de tema, estábamos con Duque y la Virgen de Chiquinquirá tomando el algo y comentando la propuesta de la cédula pa perros.

En fin, en el sueño Tola siguió la carrera militar y brilló en el Ejército por su plan de abono orgánico con las manzanas podridas, lo que le valió el asenso a generala de tres lunas (un nuevo grado pa las mujeres), y muy emocionada se lo dedicó a Popeye.

Grafitis: Si un abogado puede dar $40 millones de ayuda humanitaria, ¿cuánto se recogería con los 400.000 abogados que tiene Colombia?

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