Por: Rodrigo Uprimny

Tres académicas, tres legados notables

Tres grandes académicas, que fueron además bellas personas, fallecieron este año. Quisiera rendirles homenaje, recordando sus textos, que enfatizan tres cosas que necesitamos: una democracia más robusta, una paz más profunda y mayor igualdad de género.

Ana María Bejarano falleció en marzo; fue una brillante politóloga que dedicó muchos de sus esfuerzos a comprender las dificultades de la democracia en la región Andina. Su tesis doctoral, que luego publicó, es un estudio comparado de Colombia y Venezuela, que muestra que ambos países superaron dictaduras militares en los 50, pero tuvieron trayectorias divergentes: una consolidación democrática sólida en Venezuela frente a una institucionalización democrática débil y perversa en Colombia. Pero ambas democracias entraron en crisis profundas a finales de los 80. Ana María reflexiona entonces sobre por qué la democratización en la región Andina ha sido débil y qué factores permitirían democracias más robustas. Una preocupación que mantuvo en trabajos ulteriores. Por ejemplo, uno de sus últimos textos analiza por qué los procesos constituyentes tan participativos de la región Andina no condujeron a democracias más sólidas.

Virginia Bouvier, o Ginny como la llamábamos, quien falleció en julio, fue una incansable trabajadora por la paz en Colombia. Pero tuvo también una gran capacidad reflexiva y académica, que queda ejemplificada en un libro del cual fue editora en 2009, en plena época de guerra integral, que tituló significativamente: La construcción de la paz en tiempos de guerra. Este libro compila los incansables esfuerzos por la paz que hemos hecho los colombianos, lo cual permite a Ginny concluir que no somos sólo un país de guerra y violencia endémicas; somos también un país de esfuerzos permanentes y heroicos por la paz, en especial desde las comunidades y los territorios. Ginny propone entonces un marco más integral para comprender la construcción de la paz, que no se restringe a los diálogos entre el Gobierno y los actores armados, sino que tiene que articularse a los esfuerzos desde abajo, desde las comunidades y los líderes sociales.

Luz Gabriela Arango, o Luzga como algunos cariñosamente le decían, falleció en octubre; fue una brillante socióloga y una de las pioneras en los estudios de género en Colombia. Sus trabajos resaltan y explican dos cosas contradictorias, pero sólo en apariencia: la profunda discriminación de género en Colombia, pero igualmente el protagonismo (usualmente invisibilizado) de las mujeres en muchos procesos sociales. Su tesis doctoral, que luego publicó, es un estudio muy documentado de la vida de las trabajadoras en Fabricato, que le permitió mostrar las complejas relaciones entre las jerarquías de género, especialmente familiares, y las dinámicas laborales, que discriminaban a las mujeres, todo legitimado por la religión. Mantuvo esta preocupación por visibilizar las jerarquías de género con el fin de combatirlas hasta sus últimos textos, como el libro que coeditó con su gran amiga, la profesora Mara Riveros, sobre la utilidad del género como categoría en las ciencias sociales.

Los escritos de Ana María ayudan a comprender los desafíos que tenemos para profundizar nuestra aún precaria democracia. Las reflexiones de Ginny nos orientan a fortalecer la paz desde las comunidades, protegiendo los liderazgos sociales. Los textos de Luzga destacan el protagonismo de las mujeres y la necesidad de seguir luchando por superar la discriminación de género. Difícil encontrar temas de mayor trascendencia para Colombia. ¡Qué mejor homenaje a estas académicas, que muchos extrañamos, que leer y releer sus escritos!

* Investigador de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.

 

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