Trump desesperado y la pandemia: la democracia en riesgo

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Al poner sobre la mesa la posibilidad de posponer las elecciones de noviembre, el populismo del presidente Donald Trump se ha alineado con la pandemia para afectar las instituciones democráticas. La misma que desnudó la precariedad de sus propuestas para alterar, aún más, un país sobresaltado y dividido como nunca, desde su llegada al poder. La estrategia de construir un muro entre sus propios compatriotas ha dado, contrario a lo ocurrido en 2016, resultados para él inesperados.

Los malos pronósticos de las encuestas, en las que pierde por nueve puntos en promedio, y los de la economía, con una caída en el PIB del 32,9% en el segundo trimestre —superior en un 300% a la de Alemania en el mismo periodo—, sumados a las 150.000 muertes ocasionadas por una enfermedad a la que no le “paró bolas” y para la que no se encuentra remedio o vacuna, han minado su credibilidad. Los mensajes que tuiteó, abriendo camino a un aplazamiento de las elecciones, dejan ver que está poniendo en duda su confianza y cordura al proponer una salida inconstitucional. Un acto desesperado a tres meses de elecciones.

El choque sucede cuando las noticias falsas han sido confrontadas por los hechos. Pudo afirmar que se trataba de una leve gripa, pero hoy más de 4,5 millones de contagiados y el desastre de la economía lo desmienten. Pudo politizar un problema de salud pública, como lo hizo al promover una apertura indiscriminada y el no uso del tapabocas que ahora utiliza, pero la evidencia científica lo contradice cada día. Al seguir utilizando la estrategia que lo llevó a ganar en 2016, se encuentra a punto de perder las elecciones. Cabe esperar, y obrar en lo posible, para que no termine de desacreditar la democracia, un patrimonio de la humanidad, como lo hacen, finalmente, todos los gobernantes populistas en la hora de las despedidas.

En pocos meses el presidente se convirtió en pésimo abogado. Al politizar el debate de salud, cerró el paso a un posible remedio para la enfermedad. Abanderado del uso de la cloroquina, le cerró las puertas a la utilización de un genérico de bajo costo aún no probado suficientemente y sobre el cual no existen estudios concluyentes en los mismos Estados Unidos, como lo demuestra un reciente y esperanzador trabajo del profesor de Yale Harvey A. Risch publicado en Newsweek la semana pasada (ver aquí).

El país más poderoso del mundo, todavía, adalid y pionero de las libertades, se encuentra gobernado por alguien que propone cambiar las reglas de juego a conveniencia, como hace, por ejemplo, nuestro vecino Maduro. ¿De qué manera vamos a explicar a los demócratas en Hong Kong, o a quienes padecen cualquier forma de despotismo y dictadura, los beneficios de la democracia? ¿Con qué autoridad ética o moral? Para quedarse en el poder, o hasta que cambien las encuestas, ¿todo vale?

Al promover la polarización, Trump ha generado una respuesta por parte de sectores ciudadanos que se han mantenido ya por meses en las calles a pesar de los riesgos de la pandemia, desafiando a autoridades e instituciones y expresando una clara ruptura en el sistema político. La estrategia de dividir, en realidad un muro invisible, ha encontrado sus propios límites. Ante las constantes equivocaciones del ecléctico presidente, un tímido y prudente Biden, quien consistentemente ha usado su tapabocas, no necesitará más que el añejo y siemprevivo discurso de proteger las libertades y las instituciones para ganar las elecciones. Los demócratas en todo el mundo lo celebramos.

@herejesyluis

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