Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

Tutela para todos y todas

La constitución más aburrida de leer es la de la República Bolivariana de Venezuela. La mayoría de sus ejemplares son impresos en formato pequeño, por eso es de bolsillo, no sólo porque cabe en un bolsillo (a pesar de tener 350 artículos), sino también porque sus gobernantes (Chávez y Maduro) se la han pasado por la faja. Difícil de visualizar por su tamaño, pero más aburrida su lectura porque habla de ciudadanos y ciudadanas, presidente y presidenta, niños y niñas, los jóvenes y las jóvenes, ministro y ministra, trabajadores y trabajadoras, gobernadores y gobernadoras, contralor y contralora, diputados y diputadas, alcalde y alcaldesa. Es la única constitución en el mundo con esa clase de distinción, pero a sus redactores se les olvidó hablar de miembro y de miembra. De quitar esa enumeración innecesaria, fuera más corta.

Ahora nos quieren llevar por ese mismo camino porque un juez de tutela ordenó al alcalde Peñalosa que a su lema de “Bogotá para todos” le agregue “… y todas”. Es un juez no jurista sino Maduro.

Sobre esto de género, es célebre la anécdota del dirigente Laureano Gómez cuando, dirigiéndose a Marco Fidel Suárez, el canciller de la época, le dijo en la Cámara:

–Lo que pretende Su Señoría es que votemos como ovejos.

–No existen los ovejos. El macho de la oveja se llama carnero –le respondió Suárez, que era un gran lingüista.

Desde entonces, a Laureano lo bautizaron como el ovejo.

¿Qué apodo le pondremos a este juez tan ordinario que se quedó con el pecado y con el género? ¿Es que la tutela es para todos y para todas? ¿Acaso la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano excluyó a la mujer? ¿Acaso la justicia colombiana quiere madurar al español a punta de tutelas? Es tan hermoso y complejo nuestro idioma que, por ejemplo, “separado” se escribe todo junto y “todo junto” se escribe separado.

 

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