Por: Salomón Kalmanovitz

Un balance preliminar

Hegel decía que "la lechuza de Minerva emprende el vuelo al caer el crepúsculo”, lo que significa que el vuelo de la razón para explicar la historia solo es posible cuando esta ya ha pasado, cuando se han decantado las pasiones que la acompañan y se entienden mejor las consecuencias de las políticas asumidas. Es por lo tanto demasiado temprano para juzgar las dos administraciones Santos, llenas de controversias y recriminaciones que culminaron con una baja favorabilidad del mandatario.

Una de las áreas menos polémicas en la que el gobierno de Santos obtuvo logros importantes fue la de las relaciones internacionales. De ser un país paria por su vulneración de los derechos humanos y la narcotización de sus relaciones con el resto del mundo, rechazadas sus iniciativas de firmar tratado de libre comercio con Estados Unidos y Europa, pasamos a ser vistos como un país que trataba civilizadamente sus conflictos, se nos dio entrada a muchos acuerdos de cooperación y se eliminaron las visas para ciudadanos colombianos en casi un centenar de países. El logro de la paz fue mucho más apreciado en el resto del mundo que en la propia Colombia, obviamente la directa beneficiaria. El ser país miembro de la OCDE nos ofrece un curso permanente en las mejores prácticas internacionales en materia económica, sindical, de derechos de propiedad, justicia, sanidad y del tratamiento de controversias, reglas que pueden ayudar a superar el atraso en economía y en política.

El tema de la paz fue el eje de la política de Santos y fue también exitosa por haber utilizado un equipo muy competente que contrasta con el amateurismo del de Pastrana y el cosmético de Uribe, con las autodefensas que se entregaron y sus dirigentes que fueron extraditados con el pretexto de que estaban delinquiendo. Las Farc sí cumplieron los acuerdos, pero el gobierno entrante pretende hacerles conejo.

Se dio un cambio radical y positivo en la forma como se hace política en el país pues se redujo el espectro del clientelismo, a favor de controversias ideológicas que animaron la participación de los ciudadanos en las urnas, permitiendo el desarrollo de expresiones de centro y de izquierda, antes acalladas por el miedo a la guerrilla y a los paramilitares.

En economía los logros no fueron tan notables, aunque el crecimiento promedio durante el período fue de 4 % anual y se redujeron la pobreza y la informalidad. Se cometió el mismo error que durante la era Uribe: no se ahorró la bonanza petrolera y por el contrario se sobreendeudó el país. Las dos destorcidas de precios del petróleo en 2008-2009 y en 2014-2017, más profunda y prolongada en el caso de Santos, causaron mucho daño por la volatilidad de la tasa de cambio —revaluación y desindustrialización, devaluación e inflación—, evitable si se hubiera aumentado las reservas internacionales en los años de vacas gordas para gastarlas en los años de vacas flacas.

La construcción de infraestructura fue lejos en el caso de Santos que impuso condiciones más técnicas que las dobles calzaditas de Uribe con financiamiento más profundo, diseños funcionales en las vías 4G, aeropuertos y acueductos. En ambos casos hubo corrupción, asociada a la forma en como se financian las campañas políticas en el país, pero fue más extendida y personal en el caso de Uribe.

Es probable que cuando llegue el crepúsculo se juzgará a Santos con mucha benevolencia por tantos cambios positivos que hizo posible.

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