Un país que se desangra

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Con poco más de un mes del año 2021, Colombia suma diez masacres; a ello se le agrega el asesinato de líderes sociales, excombatientes de las Farc, decapitaciones, enfrentamientos entre organizaciones criminales, entre otros hechos violentos. Es como si se hubiese retrocedido años en una espiral de violencia. Esta vez, hay tres diferencias. Por un lado, la ola de violencia se concentra en el Pacífico colombiano y no en la costa Atlántica como hace dos décadas. En segundo lugar, el Estado parece estar paralizado. Por todo el país alcaldes, líderes sociales y comunidades se quejan de que los militares están en los cuarteles encerrados y son los criminales los que dominan el territorio. Por último, no hay grupos criminales identificados, cambian de nombre, hay disputas, aparecen y desaparecen. Las comunidades dicen que no tienen con quién hablar, que no hay a quién acudir, recuerdan algo parecido con la desmovilización paramilitar entre 2003 y 2006.

Colombia tiene lo que podría denominarse una tormenta perfecta, compuesta por cuatro factores. 1. Un boom de las economías ilegales, tanto el precio de la pasta base de coca como el del oro ilegal han aumentado de forma fuerte. El precio de la pasta base de coca pasó de $1.900 el gramo a $3.000 en cuestión de meses. La disputa es a muerte y hay mucho dinero ilegal circulando. 2. Un empate técnico criminal: una guerra agónica en la que no hay un claro ganador entre organizaciones criminales y la violencia degradada se convierte en un instrumento para controlar a la población. 3. Ausencia de liderazgo en una política de seguridad. No hay estrategia y sí hay mucha división en las Fuerzas Militares. 4. Un año preelectoral que hará de este país un río de sangre.

Estaba cantada la crisis de seguridad del año 2021, se alertó desde mediados del año 2020, pero no se hizo nada. Resulta paradójico que se incubó en el gobierno que prometió mano dura y que, en teoría, sabía de seguridad. El uribismo entregará el país sumido en una fuerte crisis. Los errores que se cometieron fueron tres. Por un lado, como se dice en la estrategia militar: la mejor forma de perder una guerra es utilizar la estrategia de la guerra victoriosa anterior. Se quedaron congelados en un país de hace 20 años, no entendieron que las cosas habían cambiado. En segundo lugar, nunca lograron colocar un ministro de Defensa que entendiera y aportara al tema de seguridad. Tal vez el peor error fue Guillermo Botero, quien podía saber de comercio, pero no de seguridad. 3. La discusión la convirtieron en un tema ideológico y político. Parecía como si el uribismo y el gobierno quisieran revivir a las Farc.

Lo cierto es que la nueva ola de violencia parece ser tan fuerte que se podría decir que ya no hay soluciones en el corto plazo, no habrá remedios milagrosos. Habrá que esperar dos o tres años para encontrar un camino. Cuando el uribismo llegó al poder, León Valencia les advirtió que ellos decidían si echaban gasolina o agua al incendio que se estaba apagando. Con el Acuerdo de Paz con la entonces guerrilla de las Farc lo peor del incendio se apagó, quedaron unos leños prendidos. Al final, se decidieron por la gasolina y ahí tienen los resultados.

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