Por: Mauricio Botero Caicedo

Una golondrina no hace el verano

Una golondrina no hace verano es un refrán popular que advierte que la llegada de una sola golondrina a una zona no es sinónimo de la venida de esta estación. Un evento esporádico, un fenómeno pasajero, no puede ser visto como una tendencia.

La anterior reflexión se trae a colación respecto a las expectativas de muchos analistas de que muy pronto el precio del barril de petróleo (Brent) va a llegar —si no es que ya llegó— a los US$60 y que mantendrá una tendencia alcista. Muchos de estos observadores esgrimen argumentos que, en opinión de este columnista, son temporales. Ricardo Ávila, el director del diario Portafolio, en su editorial del pasado 18 de octubre, afirma que “las probabilidades de llegar a ese punto simbólico (US$60) son las más elevadas en más de dos años, por cuenta de la conjunción de una serie de factores de diverso orden. Para comenzar, se encuentra el escenario geopolítico. Las tensiones en el norte de Irak vienen al alza, debido a las intenciones de los kurdos de declarar su independencia… De manera paralela, Donald Trump viene mostrándole los dientes a Irán desde hace meses… Por otra parte, hay que tener en cuenta la actitud de la OPEP, que hace casi un año se puso de acuerdo para cerrar un poco la llave del suministro… El uso del polémico fracking permitió que vastos yacimientos alcanzaran rendimientos que pocos creían posibles al comienzo del presente siglo, con lo cual variaron los fundamentales del mercado de combustibles… Las ganancias en productividad de los campos en operación parecen haberse estancado...”. Ávila, al ser un hombre serio, aconseja cautela: “Esperar una bonanza en los precios de los hidrocarburos es ilusorio. Aun así, es factible que el barril supere dentro de poco la marca de los US$60 y mantenga una pendiente alcista, más allá de los altibajos del día a día”.

Con todo el respeto por los analistas, creo que los argumentos que se esgrimen para justificar el aumento en el precio del crudo son coyunturales y no estructurales. Es decir, no hay cambios significativos por el lado de la demanda (como puede ser un vigoroso crecimiento de la economía mundial, que a su vez implique una mayor demanda por la gasolina y afines), ni tampoco una reducción importante y sostenible en la oferta (agotamiento de reservas y/o extinción masiva de pozos y yacimientos). Es, por lo tanto, evidente que cuando los fenómenos geopolíticos temporales y la cohesión pasajera de la OPEP dejen de existir, el precio volverá a la baja. Ahora bien, un evento político inesperado, como un conflicto nuclear con Corea del Norte, va a elevar los precios, aun por encima de los US$100 el barril. Pero, en opinión de este columnista, al estar próximo a desaparecer el motor de combustión interna, la tendencia estructural del precio del petróleo es a la baja.

Relacionado con las tendencias energéticas, en concreto el hecho de que la energía eléctrica es el combustible del futuro, excelente la noticia de que Ecopetrol entra este negocio. La empresa estatal ha confirmado que, luego de 65 años dedicados a la producción de hidrocarburos, tanto dentro como fuera del país, le apostará al negocio eléctrico y trazará estrategias para su generación, transformación y comercialización. Sugiero respetuosamente que Ecopetrol se posicione como el principal proveedor de estaciones de recarga para el transporte eléctrico.

 

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