“Una solución, más que un problema”

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Para hacer sentido de las distintas guerras y la escalada de crímenes de Estado que precedieron las elecciones presidenciales de 1990, la profesora María Teresa Uribe nos explicó que “la violencia sigue siendo para muchos estamentos y grupos sociales una solución, más que un problema”. Una certeza similar puede compartirse hoy.

“Llamo a los colombianos de bien, a los que quieren estabilidad para vivir y trabajar tranquilos, a que hagan escuchar su voz mayoritaria en favor de instituciones”, dijo el ministro Trujillo desde un salón lleno de hombres, todos casi idénticos, sentados alrededor de una mesa. Acusó también a los manifestantes de hacer “oposición calumniando al Gobierno”, todo esto sin referirse a los asesinatos que perpetró la Policía Nacional en la noche del martes y el miércoles. En vez de actos de contrición o de pausa, el funcionario, el presidente Duque e incluso Álvaro Uribe Vélez, como líder del partido de gobierno, pidieron reforzar la represión y minimizaron las tragedias vividas por las distintas familias acusando a toda marcha, caminata o protesta de “desobediencia y destrucción”. Desde El Ubérrimo, el líder de partido insinuó también como parte de su libreto la infiltración de extranjeros en la protesta.

Con un Gobierno Nacional privilegiando el llamado “espíritu de cuerpo” y usando palabras como orgullo, honor y gallardía para referirse a la Policía, los resultados no son sino de temer. No solo a alcaldes como Claudia López (y anteriormente Gustavo Petro) en Bogotá la reforma de la Policía les ha resultado quimérica, sino que por momentos, en estos y otros gobiernos, la Buenaventura de Víctor Vidal o la Santa Marta de Carlos Caicedo, los mandatarios locales elegidos popularmente por fuerzas distintas al Centro Democrático se ven presos de sabotajes terribles por cuenta de una Policía que por ley no pueden reformar.

Y es que si de infiltraciones se trata, vale la pena preguntarnos por aquellas de la propia Policía. Pues la Policía no está infiltrada por distintas generaciones de bandas y ejércitos criminales, sino que se encuentra entrelazada con estos de manera estructural. El fenómeno quizás es sobre todo urbano. Desde los días en que, como explicó en 2013 el paramilitar Henry López (alias Mi Sangre), “la Policía Nacional armó el Frente Capital” con presencia en Bogotá. Tal vez fue después de la fallida desmovilización paramilitar que estas relaciones se hicieron más profundas y descentralizadas. “Hemos judicializado a un buen número de policías que colaboraban de cerca con las bacrim, para evadir los controles de las autoridades”, explicó en 2011 el entonces director de la Policía, general Óscar Naranjo. Ese mismo año más de mil integrantes de la Fuerza Pública fueron investigados en Colombia por connivencia con bandas criminales; 888 de los investigados eran policías.

En la medida en que cambian rutas y bandas, cambian también las prioridades de muchos uniformados. En 2012 se pudo revelar algo sobre el trabajo conjunto de Policía y Urabeños en la ciudad de Medellín. En 2013 se hizo también visible la relación entre grupos de la Policía Nacional y la banda Renacer-Águilas Negras, asociada con los Urabeños. En 2014 fueron puestos en evidencia dos grupos de agentes de la Policía en Antioquia que colaboraban con los Urabeños y el Clan Úsuga, respectivamente. Ese mismo año continuó la saga de vínculos entre la Policía de Chocó con los mentados Renacer-Águilas Negras. En 2016 el turno fue para la Policía del Madgalena y (nuevamente) Antioquia, participantes en una red de tráfico del Clan del Golfo, antiguo Clan Úsuga. En 2017, una investigación de la Fiscalía desentrañó la labor mancomunada entre miembros de la Policía y subestructuras del Clan del Golfo en el nordeste antioqueño y en Atlántico. Durante los dos últimos años se sancionó la convivencia de la Policía con las llamadas Autodefensas Gaitanistas en el Bajo Atrato. Y supimos de los nuevos pactos entre la Policía de Antioquia con la banda la Terraza y/o el Clan del Golfo.

“Infiltrada”, dividida, trabajando para (o conformando) estructuras armadas peligrosas y efímeras. Esa es hoy la Policía que entusiasma el Gobierno Nacional. Esto, porque para el Centro Democrático la violencia (como expuso la profesora Uribe) es una solución y no un problema.

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