Por: Mauricio Botero Caicedo

Uno que sale y dos que entran

Sobre el populismo hay dos mitos que es prudente demoler: que es un fenómeno reciente, y que es pasajero. Al contrario de lo que mucha gente cree, el populismo –que no tiene necesariamente raíces ideológicas ni de derechas, ni de izquierdas— no es un fenómeno reciente. Adicionalmente, como se va a explicar en este escrito, el populismo, lejos de ser pasajero, tiene una sorprendente vigencia.

Antes de entrar en materia, repasemos ¿qué es el populismo?

El chileno Mauricio Rojas da una definición integral: “El primero, y más esencial, es la contraposición maniquea entre pueblo y elite. Construir una visión de la realidad social dicotomizada entre estas dos categorías antagónicas es la operación discursiva clave del populismo. El populismo inventa tanto al pueblo como, por oposición, a la elite, definiendo sus componentes y dándoles determinadas características. El pueblo («la gente», «los ciudadanos», «las mayorías sociales») es puro y representa la verdadera nación, pero vive bajo la dominación y el engaño de «los de arriba», es decir, de la elite («el establishment», «los privilegiados», «la oligarquía», «la casta») que es corrupta y explotadora. En esta dramaturgia, el pueblo es uno y tiene una voluntad esencial única, si bien no siempre la comprende confundido como está por las manipulaciones de la elite”.

Para buena parte de los chilenos, el gobierno actual de Michelle Bachelet reune todas las características del populismo. La señora Bachelet, cuya popularidad es ínfima, de manera sorprendente pensó que los ciudadanos clamaban un cambio del modelo económico y social, sin entender que lo que buscaban era mejorar el modelo. Si algo no quería la mayoría de los chilenos era regresar a las políticas funestas de Allende que llevaron a esta nación a la ruina. Afortunadamente todo parece indicar que las próximas elecciones las va a ganar Sebastián Piñera, un demócrata integral, quien promete echar abajo las reformas populistas de la Bachelet, restableciendo el modelo de democracia de libre empresa, modelo que si bien requiere permanentes ajustes, transformó a Chile en la nación más próspera del continente.

Los que posiblemente no van a correr con la misma suerte son los mexicanos y los ingleses. Hoy, es probable que el próximo presidente de México sea Andrés Manuel López Obrador, AMLO, un demagogo populista de muy bajo nivel intelectual y académico que muy seguramente va a conducir a México camino al “Socialismo del Siglo XXI”. Sobre AMLO dice el historiador Enrique Krauze: “¿Y quién interpreta el divino poder de la «soberanía popular»? El líder social que se autodesignaba «el rayo de esperanza», López Obrador…«Ungido», más que electo, por el pueblo, podría tener la tentación revolucionaria y autocrática de disolver de un golpe o poco a poco las instituciones democráticas, incluyendo la no reelección”.

Los pobres ingleses, por su lado, corren el serio riesgo que el próximo jefe de Gobierno sea la cabeza del Partido Laborista, Jeremyn Corbyn. Este sujeto, marxista recalcitrante, se ha rodeado de una caterva de fundamentalistas de extrema izquierda que exigen reimponer las desastrosas fórmulas sociales colectivistas, y las políticas económicas intervencionistas que llevaron a la Gran Bretaña a la quiebra a mediados del siglo pasado. Lo del brexit es un juego de niños al lado de lo que le puede pasar a la Gran Bretaña en caso de que el populista iluminado de Corbyn llegue al poder.

 

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