Por: Mauricio Albarracín

UPJ: la cárcel de los jóvenes pobres

La Unidad Permanente de Justicia (UPJ) es una institución que se ha convertido en una cárcel transitoria para jóvenes pobres. Aunque no es una cárcel en estricto sentido ni las personas que son llevadas allí están acusadas de ningún delito, la UPJ se ha convertido en un espacio de represión policial sin control judicial ni escrutinio ciudadano.

 Un gestor de convivencia del Distrito me contó recientemente un caso de detención arbitraria que es muy común en Bogotá. A mediados de junio, un jueves al finalizar la tarde, cinco jóvenes de la Mesa Local de Hip Hop de Fontibón se encontraban en el parque principal de esa localidad cuando una patrullera se acercó a ellos y les pidió una requisa. Los jóvenes preguntaron por qué les realizarían la requisa precisamente a ellos si había alrededor de 20 jóvenes en el parque. Ante este cuestionamiento, la patrullera dijo que no tenía que dar explicaciones, pidió apoyo a una unidad de Policía y posteriormente fueron trasladados a la UPJ, donde fueron detenidos por estar en “alto grado de excitación”.

Esta es la historia de cientos de jóvenes pobres bogotanos a quienes la Policía conduce a la UPJ, simplemente porque los percibe como peligrosos. Se preguntarán ustedes: ¿cómo es posible retener jóvenes sin que cometan ningún delito o contravención? ¿No es acaso la libertad un derecho constitucional y solo procede la detención con una orden judicial o por flagrancia? La Policía usa una figura legal denominada “retención transitoria”. Según el vetusto Código Nacional de Policía de los años setenta, se establece que la Policía puede retener a alguien por hasta 24 horas por encontrarse en “alto grado de excitación”.

El Código de Policía no tiene ninguna definición de “alto grado de excitación”. Entonces, la Policía usa está expresión como comodín: le sirve para retener personas que pelean en la calle, jóvenes que se perciben como peligrosos, habitantes de calle, personas que increpan a la Policía por sus abusos, manifestantes, personas que no portan su cédula de ciudadanía o por cualquier otra causa que un policía asemeje a estar “altamente excitado”.

Además, la autorización de retener por “alto grado de excitación” se usa para detener personas que portan y consumen la dosis personal de droga. Junto con la profesora Julieta Lemaitre en el año 2011, hicimos un estudio cualitativo llamado “patrullando la dosis personal” para determinar cómo se vivía en las calles la sentencia de la Corte Constitucional sobre la dosis personal de 1994. De nuestra investigación, que incluyó 34 entrevistas semiestructuradas a policías de distintas estaciones y que realizó varias observaciones en la UPJ, concluimos que la Policía usa esta norma para retener jóvenes pobres que portan y consumen la dosis personal de droga. Este estudio también es confirmado por la Encuesta de Policía y Desigualdad, diseñada por Dejusticia y publicada en el libro “Requisas, ¿a discreción?”, del investigador Sebastián Lalinde. En este estudio, que recogió información de 844 personas, se demuestra que “la retención o detención afecta a los estratos más bajos en una proporción que casi dobla a los estratos medios y altos”.

Cuando estos jóvenes salen de la UPJ, se encuentran con un camión del Ejército que hace batidas ilegales justo en frente de ella. Estos jóvenes sufren de represión policial, luego pasan a una cárcel transitoria y podrían terminar en un batallón reclutados ilegalmente.

Nuestra Policía gasta mucho tiempo reteniendo jóvenes pobres, lo cual contribuye a su exclusión, no mejora la seguridad y refuerza la idea del Estado como enemigo de la ciudadanía. Ahora que el Gobierno Nacional propone un nuevo Código de Policía que mantiene la retención transitoria por alto grado de excitación, deberíamos abrir un debate político y social sobre las detenciones arbitrarias que produce una norma tan vaga y absurda.

 

Si tiene más información sobre este tipo de detenciones arbitrarias o sobre la UPJ puede escribirme a [email protected]

*Investigador de Dejusticia


Ver: Lemaitre y Albarracín (2011). Patrullando la dosis personal: la represión cotidiana y los debates de las políticas públicas sobre el consumo de drogas ilícitas en Colombia. Universidad de los Andes. https://derecho.uniandes.edu.co/images/stories/pdf/lemaitrepatrullando.pdf

Ver: Lalinde (2015) Requisas, ¿a discreción? Una tensión entre seguridad e intimidad. Dejusticia. http://www.dejusticia.org/#!/actividad/2559

 

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