Uribe: adiós al Twitter

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Una de las consecuencias de la detención de Uribe será el silencio de su Twitter, por la prohibición de acceder a redes sociales que impone la restricción de la libertad. Según mi asesor legal, una persona detenida no sólo no debe disponer de un celular, sino que tendría prohibido disponer de señal de WiFi. Todo esto es en teoría, claro, pues por tratarse de una detención domiciliaria es imposible controlar. ¿Se instalará una antena para saber cuándo se conecta él y cuándo es alguien de su entorno? No creo que exista tal artilugio. Lo único que sí cambia es el uso del Twitter, y no es poco. Porque si alguien supo sacarle provecho a ese invento fue Uribe. Fue con el Twitter en la mano que Uribe se opuso a la reconciliación de un país ensangrentado por la guerra; fue con su Twitter desenvainado que impuso la religión del odio —“que salgan a votar emberracados”—. Su Twitter fue el espacio virtual de la Nueva y Suprema Iglesia del Odio Nacional: el odio como plegaria y como himno, el odio como poema y salmo, el odio como forma de conocimiento y propuesta epistemológica. Licenciados en odio, sus adeptos fueron pasando uno a uno al estrado a escenificar, ante el maestro supremo, sus virtudes, y así lograron hacer del odio una propuesta política, una forma de ver la vida y las relaciones humanas. Lo convirtieron casi en una forma de amor. Yo odio, tu odias, él odia. El Twitter de Uribe, como el de Trump o el de Bolsonaro, no se detuvo un solo segundo en su enloquecida fábrica: pastillas de odio, cápsulas, supositorios de odio, odios para el antes y para el día después, odios saborizados, sin calorías. Hoy, tras su detención, el resultado de esa pedagogía salta a la vista; la generosa cosecha se ve en las decenas de videos de sus seguidores / odiadores por las avenidas del país amenazando con sacar pistolas, con tomarse Bogotá, con asesinar a alguien, y no se quitan de la boca la expresión “izquierda malparida”, “izquierda asquerosa”. He ahí los retoños del odio, su hermosa fruta. Esos ciudadanos son la expresión natural de su jefe, el Supremo Odiador. Los mismos que salieron a votar emberracados. Es una lástima que tal empuje cívico no tenga a quién derrocar, pues ya están en el gobierno.

¿Qué hará esa masa sin su dosis diaria vía Twitter? ¿Quién va a alimentar sus almas? Ninguno en el CD tiene esa fuerza, pues todos, sin ofender, son bastante mediocres y sufren, por decirlo así, de desnutrición intelectual. Empezando por el que llaman ideólogo, Joseobdulio, cuyas ideas salen de esos libros de “1000 citas célebres” que venden en la Décima. ¿Y Oscariván? Desteñido. ¿Y Josefélix, el exsuperintendente de Notariado y Registro destituido por corrupto? Le queda grande hasta el traje mimético. ¿Y Mariafe Cabal? Tan de lapsus en lapsus que ya ni se acuerda quién le pagó los votos. ¿E Ivancito The sub-President? Un niño perdido a la salida de un cine. ¿Y la subcomandante Paloma? Triste y muy vacía. De este “dream team” no sale ni para hacer un caldo, así que si a Uribe le apagan el Twitter por mucho tiempo, en el 2022 van a necesitar no uno sino como diez Ñeñes. Por eso quienes de seguro sí abrieron champagne comprado en Olímpica y mataron caviar el pasado martes fueron los Char y Vargas Lleras. Por debajito de la mesa, claro.

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