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Uribe: ¿los primeros seis años?

Luis Carvajal Basto

06 de agosto de 2008 - 09:30 p. m.

En este cumpleaños del gobierno Uribe, la pregunta política más importante es como resolverá el dilema de buscar otro periodo, asunto que parece estar exclusivamente en sus manos, con la imagen que tiene. Un balance de su gestión destaca que ha cumplido lo ofrecido al país seguridad, pero revela que sus mismos éxitos le imponen renovar su discurso y proponer nuevas metas.

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A estas alturas nadie duda de la seriedad con que el Presidente ha ejecutado el mandato recibido y reiterado del pueblo para derrotar a las Farc. Fue su bandera más importante en la primera elección. Sin los cascos azules de la ONU, como alguna vez propuso, ha logrado reducirlas a la mínima expresión que se recuerde.

También son innegables sus éxitos en el desmonte del andamiaje paramilitar. El país no conoce  toda la verdad pero sabe mucho más que hace seis años. La dirigencia histórica de los paras está en la cárcel y sus secuaces, décadas de miles, desmovilizados. La recuperación paulatina del control de territorio por las fuerzas del Estado les ha hecho perder todo piso en las áreas rurales.

El “destape “paramilitar que ha sobrevenido, puso en evidencia los vínculos entre dirigente políticos y esa fuerza irregular. Muchos congresistas se encuentran detenidos afectando las mayorías  de la coalición y la legitimidad de esa institución, pero ratificando la vigencia del sistema político y las Instituciones democráticas.

La gobernabilidad de Uribe no ha dependido exclusivamente del congreso. Su luna de miel con la opinión, ha servido al Presidente  para tirarle “salvavidas”, como las sucesivas propuestas de reformas políticas. El sistema y Uribe necesitan un congreso que apruebe leyes, y  el sistema en su conjunto, funcione.

Sí la política se reduce a lo que pasa en el congreso, Uribe ha ejercido con sus mayorías allí. Debe reconocerse que la oposición ha desempeñado un papel casi invisible y poco importante. Para recordar, las andanadas de congresistas como Petro y Piedad Córdoba en el exterior que les dieron protagonismo ante audiencias que poco conocían de nuestra realidad, pero los hundieron ante la opinión pública Nacional.

Debe destacarse en estos seis años el manejo impecable, por parte del gobierno, de los asuntos de opinión. Pero eso no es tan sencillo como “manipular”, al decir de algunos opositores. Se han usado elementos que proporciona la ciencia política como estrategia, sistemas, planeación de escenarios y encuestas, para hacer seguimiento, anticiparse y tomar decisiones o establecer agendas. Y esas son herramientas no solo legítimas sino indispensables en el gobierno moderno.

Hay que decir que a pesar de los traumatismos en el sistema de pesos y contrapesos  generado por la reelección, los roces con el sistema judicial no se han ocasionado a partir de desbordamientos del ejecutivo en violaciones de derechos fundamentales o represión de movimientos opositores. Por una razón sencilla: no  ha existido oposición en forma de movimiento popular. Por el contrario el movimiento popular ha respaldado la institucionalidad y al Presidente.

Las marchas de febrero y el 20 de julio, sin precedentes en la historia de nuestro país, inauguraron una nueva forma de participación por fuera de los partidos  y el parlamento y con ingredientes novedosos. En estos seis años hemos tenido en ese campo una  verdadera revolución, propiciada en parte por las Farc, pero en su contra.

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Ningún gobierno en ninguna parte ha terminado con la pobreza. Lo más parecido en la historia reciente es el esfuerzo chino que ha requerido más de cincuenta años de voluntad sostenida. Y con periodos de violaciones graves a los derechos fundamentales. No creo que Uribe vaya a cambiar su discurso a estas alturas para rescatar uno de corte abstractamente “social” como le reclama la oposición. Este principio aplica para su eventual sucesor.

Pero sin duda el país debe imponerse nuevas metas y sus dirigentes deben proponerlas. Si Uribe decide quedarse y convertir este periodo en sus primeros seis años, debe convencer a los colombianos con un discurso y una coalición de gobierno renovada. Él, que conoce bien “lo que la gente cree”, debe saber que aún sin oposición visible, debe recomponerse el sistema de partidos, después de la para política. Lo de la comisión de notables, lo único que se vislumbra hasta ahora, no parece suficiente.

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Por aparte, aún no queriendo, las circunstancias pueden llevarlo a buscar un tercer periodo para consolidar sus propuestas. Fuera del gobierno lo pueden “moler”. Este factor también pesará al tomar su decisión.

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